miércoles. 12.06.2024

Las cataratas son uno de esos caprichos que se permite la naturaleza cuando quiere mostrar su lado más hermoso adornado con el tesoro más preciado del universo: EL AGUA

Llegué, procedente de Lima y acompañada de mi esposo, a Asunción capital de Paraguay.

Es una bella y tranquila ciudad que ofrece una dulce sensación de calma. No hay prisa. La gente es amable, se deleita gozando de sus bien cuidados parques y plazas orgullosos de sus monumentos como el Panteón Nacional, o el Palacio de los López o la Casa de la Independencia o su magnífica Catedral,etc

Tras visitar la ciudad, un taxi nos traslada al lago de Ypacaraí (a unos 40 Km), que como dice la canción universalmente conocida, de Zulema de Mirkin y Demetrio Ortiz “Recuerdos de Ypacaraí” es azul y de aguas reposadas. El trayecto es de una gran belleza pues el lago está rodeado de frondosa vegetación y de pequeños pueblecitos de campesinos que se expresan en su bella lengua guaraní.

De vuelta a Asunción visitamos Las Tolderías de los Indios Maká que anteriormente vivían en una isla, pero cuando subió la corriente y la vida se hizo imposible allí el gobierno les cedió parte de un extenso parque donde viven principalmente de la pesca y de la elaboración de trabajos artesanales para el turismo.

Tomamos un avión a Foz de Iguazú para ver el lado brasileño de LAS CATARATAS DE IGUAZÚ que se encuentran en el estado de Paraná, en el hermoso Parque Nacional de IGUAZÚ abierto al público en 1939 para deleite del visitante y para preservar y proteger la flora y la fauna de toda la zona. Hay más de 90 especies arbóreas entre las que se encuentran el peroba o palmito palo rosa, el Barayú o cedro paranaense, el laurel blanco, etc. En cuanto a la fauna se protege a los vencejos de cascada, o el tucán grande o el águila harpía o el tapir o el ocelote y una larga lista de especies muchas de ellas en peligro de extinción.

Tras acceder al recinto de la zona de cataratas se llega al enclave conocido como “el sendero de las cascadas” que es el punto de partida para ir a todos los miradores a través de un camino (en el lado argentino hay tres caminos). Se puede circular por la parte baja o por la parte alta. Desde los miradores de esta última opción se ofrecen las mejores y mas espectaculares vistas del conjunto total con multitud de saltos que se desparraman a lo alto y a lo ancho llenando la retina del más bello espectáculo imaginable. Son frecuentes los arcoíris que acompañan a los saltos de agua y logran imágenes de preciosos colores que juguetean con el agua ofreciendo una visión mágica de la que solo te desprendes para seguir el camino hasta la Garganta del Diablo, la parte más agreste y salvaje y en cuyo límite se halla la cascada más grande e impresionante: “las fauces del diablo”.  Durante el recorrido tuvimos ocasión de contemplar algunas de las especies que ocupan este entorno y que se sienten seguras y protegidas en su hábitat.

Pasamos en un barco al lado argentino y nos hospedamos en un magnífico hotel junto a las cataratas con idea de iniciar el camino a la mañana siguiente.

 Una curiosa anécdota me sucedió durante el desayuno: en la mesa de al lado estaban tomando su refrigerio dos azafatas, su cara me resultó familiar así que me fui hacia ellas y a mi pregunta de si eran españolas me respondieron que sí. Como dije que me resultaban conocidas empecé a indagar si eran funcionarias, si habían estudiado en la universidad complutense etc. Finalmente resultó que eran de Madrid, vivían muy cerca de mi casa y la que yo recordaba había ido al Colegio del Sagrado Corazón de Jesús en la calle Don Pedro. ¡Era compañera del colegio, de un curso inferior! Nos dio mucha alegría y estuvimos rememorando viejos tiempos.

Después de este peculiar encuentro nos dispusimos a visitar las cataratas.

El río Iguazú, que nace en el estado brasileño de Paraná y recorre unos 1.300 km, desemboca en el rio Paraná

no lejos de la represa de Itapuá.

Aunque estos grandes saltos marcan límites entre Argentina y Brasil, hay que mencionar que en la confluencia entre el rio Iguazú y Paraná se sitúa la llamada TRIPLE FRONTERA o TRIFINIO que sitúa el cruce de fronteras de tres países: Argentina, Brasil y Paraguay.

Las cataratas del sector argentino se encuentran al Norte de la Provincia de Misiones, en medio de la selva. dentro del Parque Nacional Iguazú que se creó en 1934 y es Patrimonio de la Unesco desde 1984.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue el primer europeo que estuvo en este lugar, en 1542.

Recorrido del Parque-

En primer lugar, estuvimos en el centro de visitantes para orientarnos porque el parque es tan inmenso que es imposible visitarlo todo con tranquilidad en un día.

Durante más de dos horas caminamos por la selva y tuvimos la suerte de ver un coati y sus crías, y también pudimos ver variedad de mariposas de lucidos colores que, a veces se interponían en la visión de las cataratas mezclando sus tonos con el vapor de agua que nos salpicaba. La contemplación de tanta belleza agreste estimula los sentidos y hace palpitar el corazón al sentir la sensación de estarme fundiendo con la naturaleza que desde ese punto me abraza y me quiere arrastrar desde un mirador sin vallas para vivir con ella. Si desde el lado brasileño la vista es panorámica y ofrece longitudinales postales, en el lado argentino se las palpa de cerca y se las vive estrechamente, mojándote y empapándote de toda su belleza recorriendo algunos de sus 275 saltos, y compartiendo la activa vida que se desarrolla a lo largo de los recorridos, actividad que a veces se contempla a través  de algún tapir que se cruza  y a veces sintiendo de modo intuitivo que ahí están desarrollando su ciclo vital  amparados por la catarata amiga.

 Lo recomendable es visitar primero el lado brasileño para ver el conjunto y luego el argentino para sumergirse en la naturaleza.

 

Cataratas de Iguazú (En guaraní significa Agua Grande)