domingo. 19.05.2024

La “manzana” pocha de Iberostar

En la segunda mitad de la década de los 80 tuve el placer de trabajar en el Grupo Viajes Iberia y una vez al año llegaba a la ciudad turística del Puerto de la Cruz para invitarnos a cenar, D. Lorenzo Fluxá, fundador del grupo. Para mí se convirtió en una especie de ídolo empresarial. 

Iberostar 70 Park Avenue, New York

En 1918 se hizo cargo de la fábrica de calzado que su padre había fundado. Y en 1956, adquirió Viajes Iberia, fundada en 1930, diversificando su actividad industrial hacia el sector servicios.

El Holding turístico llegó a poseer compañía aérea internacional, Iberworld; una red de ventas a través de Viajes Iberia, con más de 300 oficinas en 29 países y más de 500 agencias de viajes en territorio Español, apoyadas por varios touroperadores y una flota de cruceros turísticos. Llegó a gestionar más de 12 millones de viajeros anuales, siendo el primer grupo empresarial turístico español.

En 1983 contaba con una centena de hoteles en España, Grecia, Chipre, Bulgaria, Croacia, Turquía, Marruecos, Túnez, Cuba, México, República Dominicana, Brasil y Jamaica. 

Pero durante 2006 la familia Fluxá vende la división de viajes de Iberostar y durante más de una década entran en multitud de vicisitudes que la hacen centrar en el grupo hotelero.

A través de varias décadas ha sido mi cadena predilecta y allá donde he estado los he elegido. Siempre han ofrecido un trato preferencial y diferenciado, además de un cuidado personalizado y una magnífica relación calidad/precio. Su filosofía se ha basado en una constante reinversión de los beneficios en mejoras, lo que ha contribuido a conferir una imagen destacada en el sector. Los principales operadores del mundo han confiado a sus clientes esta cadena, ya que su oferta se distingue por poseer una gestión basada en el cuidado y protección del medio ambiente, lo que le confiere un nivel de calidad excepcional en el ámbito turístico internacional. 

Pero… En mi último viaje que se ha desarrollado en la capital del mundo, como así denominó a Nueva York, desdigo lo dicho…

A través de mi operador de viajes conocí la presencia de Iberostar que desde 2016 se estrenó en el pleno corazón de Manhattan, a 100 metros de la estación Grand Central, un lugar estratégico para disfrutar de la Gran Manzana. 

Estuve viendo fotografías del hotel y aparentemente tenían buena pinta, no se fíen de las fotografías, hay grandes artistas…

Al atardecer de un día cualquiera después de muchas horas de avión y algunas más por el cambio horario. Entre en un pequeño hall, con una minúscula recepción acristalada o blindada. Me esperaban dos señoritas, ya más bien “señoronas” nada amables, ni serviciales, que ni tan siquiera se levantaron de sus poltronas. Me requirieron la documentación y me dieron la tarjeta para entrar en la habitación en un undécimo piso que daba a un patio interior y frente a la caja de los ascensores. El maletero, un ecuatoriano con mucho desparpajo, me explicó que había una máquina de hielo en la segunda planta y agua para rellenar las botellas. La habitación con muebles de diferentes estilos, como si de un batiburrillo se tratase, era aceptable para lo que he visto en esta ciudad.

Lo primero fue ducharme en un minúsculo baño con una desvencijada puerta corredera. Y la sorpresa es que no salía el agua caliente, deje el agua correr durante una media hora, mientras desembalaba mi equipaje para ir a una cena de trabajo. Ese día hacía en Nueva York 1 grado. El agua se templó y con pocas ganas entré en el cruel castigo.

No quise darle mucha importancia al contratiempo porque estaba seguro de que se resolvería inmediatamente. El hotel solo lo iba a usar para dormir, ya que todos los días tendría que salir muy temprano y regresar al anochecer. Aparte el Iberostar 70 Park Avenue no tiene servicios complementarios a excepción de un gimnasio. 

Al salir ese día puse en conocimiento a la jefa de recepción, una señora muy mal encarada y me dijo que al día siguiente mandaría a “un ingeniero”, le propuse que se me cambiase de habitación. Tras una pequeña discusión por parte de ella, el “No” fue rotundo y me dejó con la palabra en la boca.

Esa misma noche, al regresar tras el éxito con el personal del hotel, decidí escribir a Iberostar narrando los hechos y creyendo fielmente que la solución sería inmediata. Para mi gran sorpresa me contestaron cuando ya estaba de regreso en España, diciéndome que lo pondría en conocimiento de la dirección del hotel. 

Estuve 5 días sin agua caliente, con un personal de recepción nada receptivo. El día de salida al amanecer me pusieron una nota por debajo de la puerta que me indicaban que comenzarían los trabajos de reparación y efectivamente esa mañana al salir hacia el aeropuerto comenzaron a picar las paredes. 

Verdad que es una historia increíble para este grupo hotelero. Conclusión 5 días sin agua caliente haciendo peripecias para ducharme en un hotel que la noche está por encima de los 200 euros sin desayuno y un personal presuntamente en contra del sistema.

Sin detallar más la cadena de errores en el Iberostar 70 Park Avenue como en el sistema central del grupo. Me fui de Nueva York ampliamente disgustado con la que ha sido hasta ese día mi “Cadena Hotelera preferida”. 

Una manzana pocha puede estropear un gran cesto de hermosas manzanas…

La “manzana” pocha de Iberostar