El hilo conductor de todos estos encuentros es Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores, que actúa como principal ejecutor de la política exterior diseñada por Mohamed VI. Cada reunión combina el lenguaje de la cooperación —inversiones, seguridad alimentaria, formación técnica— con el de la alineación política. La diplomacia marroquí no suele separar ambos planos; los entiende como vasos comunicantes.
Los tres países, en síntesis
- Madagascar: Alaba el papel del rey Mohamed VI en el desarrollo africano y la cooperación Sur-Sur.
- Guinea-Bisáu: Califica la iniciativa marroquí de autonomía como «la única solución creíble y realista» al conflicto del Sáhara.
- Congo: Refuerza la cooperación política, económica y la coordinación sobre asuntos africanos regionales.
Madagascar y el eje oriental: la diplomacia del desarrollo
Con Madagascar, las conversaciones giraron en torno a una narrativa de larga construcción: el papel del rey marroquí como motor del desarrollo africano. Las autoridades malgaches destacaron la visión de Mohamed VI en materia de cooperación Sur-Sur, un concepto que Rabat ha elevado a principio rector de su acción exterior en el continente.
Marruecos lleva años intentando afianzar su presencia en el África oriental mediante proyectos concretos: inversiones en el sector agrícola y de fertilizantes, infraestructuras y programas de formación técnica. La lógica es doble. Por un lado, se persigue un retorno económico para empresas marroquíes. Por otro, se construye una imagen de socio confiable que contrarresta la narrativa de Argelia y el Frente Polisario en foros africanos.
«La cooperación Sur-Sur constituye la piedra angular de la acción exterior marroquí en África»
Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos
Bourita ha insistido en que el objetivo es construir «asociaciones basadas en intereses compartidos y desarrollo mutuo», una fórmula que Rabat repite como mantra diferenciador frente a otros modelos de influencia exterior presentes en el continente. La apuesta pasa también por proyectos atlánticos, corredores comerciales y cooperación energética que posicionarían a Marruecos como uno de los principales actores logísticos africanos.
Guinea-Bisáu: el respaldo político más explícito
El mensaje más contundente llegó desde Bissáu. João Bernardo Vieira, jefe de la diplomacia bissauguineana, reiteró en Rabat el «apoyo indefectible» de su país a la integridad territorial marroquí sobre el Sáhara. No es una posición nueva, pero en el momento actual adquiere un peso específico mayor.
Vieira fue más allá del apoyo genérico. Afirmó que la propuesta de autonomía impulsada por Marruecos representa «la única solución creíble y realista» al conflicto regional y elogió la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2025, señalando que consagra el plan marroquí como «la única base seria, creíble y duradera» para alcanzar un acuerdo político.
🇲🇬
Madagascar
Cooperación Sur-Sur y respaldo al liderazgo africano de Mohamed VI
🇬🇼
Guinea-Bisáu
Califica el plan de autonomía marroquí como «única solución creíble»
🇨🇬
Congo
Estrechamiento de la cooperación bilateral y coordinación regional
La posición de Guinea-Bisáu se mantiene alineada con Rabat desde hace años. En declaraciones anteriores, responsables del país llegaron a garantizar que Marruecos podía «contar» con su apoyo en los principales foros africanos e internacionales. Lo que cambia ahora es el contexto: el marco multilateral se mueve y Rabat necesita sumar cada voto explícito.
La cuestión del Sáhara es, en palabras del propio Mohamed VI, «el prisma» a través del cual Marruecos mide la sinceridad de sus alianzas internacionales. Ese criterio implica que cualquier país que aspire a mantener relaciones sólidas con Rabat tiene que pronunciarse, tarde o temprano, sobre el Sáhara. Guinea-Bisáu lo ha hecho, una vez más, en términos inequívocos.
Congo: la dimensión económica en el corazón de África
Con la República del Congo, el acento se puso en la cooperación política y económica. Marruecos considera el África central una región estratégica para ampliar su presencia financiera y comercial, y las conversaciones con el homólogo congoleño de Bourita, Constant-Serge Bounda, sirvieron para coordinar posiciones sobre asuntos africanos de interés compartido.
Rabat ha multiplicado en los últimos años sus acuerdos de inversión en el continente, impulsando proyectos bancarios, agroindustriales y de infraestructuras a través de grupos como OCP, Attijariwafa Bank o Maroc Telecom. La diplomacia económica es el brazo ejecutor de una estrategia de largo plazo que también busca consolidar la imagen de Marruecos dentro de la Unión Africana, institución a la que el reino volvió a incorporarse en 2017 tras más de tres décadas de ausencia.
El Sáhara como eje vertebrador
Más allá de los detalles de cada encuentro bilateral, la acumulación de estos gestos diplomáticos en un periodo corto de tiempo responde a una lógica acelerada. Marruecos percibe que el ciclo actual —con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad reciente, con el respaldo creciente de potencias occidentales y con el aislamiento argelino ante el acercamiento franco-marroquí— es propicio para consolidar avances.
La estrategia combina varios vectores: apoyo político explícito a la soberanía sobre el Sáhara, cooperación económica como palanca de influencia, proyección como potencia regional fiable y articulación de una narrativa de desarrollo «para África y con África» que distingue a Marruecos de actores como China, que también despliega inversión masiva pero con una imagen extractivista que Rabat intenta evitar asociarse.
El resultado de estas semanas de actividad diplomática es un mapa de alianzas más consolidado. Marruecos suma y sigue. La pregunta que queda abierta es si esa acumulación de apoyos africanos terminará pesando de forma decisiva en el largo contencioso del Sáhara o si, como ha sucedido en otras etapas, la resolución final dependerá principalmente de la geometría entre las grandes potencias.
