lunes. 20.07.2026

Torrente se merienda a Almodóvar

Crónica de una Navidad que salió cara.

 

Hay Navidades amargas y hay Navidades ruinosas, que no es lo mismo. La primera es un estado de ánimo; la segunda, un balance contable que Warner preferiría no enseñar en la sobremesa, entre el turrón duro y el brindis forzado. Pedro Almodóvar rodó una película sobre el duelo, la ausencia y una madre que se va en pleno puente de diciembre. Lo que nadie le avisó es que el duelo también lo iba a vivir la taquilla, y que esta vez el pañuelo no era para las lágrimas de Elsa, sino para las del departamento financiero.

Porque mientras Elsa, la protagonista, aprende a llorar a su madre entre Madrid y Lanzarote, el espectador español ha decidido, con una disciplina casi monacal, no acompañarla al cine. Ni por curiosidad, ni por Bárbara Lennie, ni por ver si Lanzarote sale favorecida. "Amarga Navidad" se estrenó con 11,6 millones de euros de presupuesto —pagados en gran parte gracias a preventas, porque en casa nadie se fía del todo, y con razón— y ronda hoy los 2,6 millones recaudados. Cuatro euros invertidos por cada euro que ha vuelto. Un duelo, sí, pero patrimonial, y de los que no se superan ni con terapia ni con Cannes.

Porque ojo, que fue a Cannes. Sección oficial, alfombra roja, flashes, la crítica internacional asintiendo con gesto grave. Y aun así, de vuelta a casa, el público patrio ha preferido quedarse en el sofá viendo villancicos por YouTube antes que pagar una entrada. Hay glorias que no se cotizan en taquilla, y esta es una de ellas: la Palma de Oro no da para gasolina.

El invitado que nadie esperaba en la cena

Y entonces, sin avisar, sin traje de gala y sin discurso de agradecimiento, aparece él. Sin sección oficial en Cannes, sin preventas, sin drama familiar ni madre que llorar: Santiago Segura se presenta con un chándal, un bigote prestado y "Torrente, Presidente", rodada por menos de 6 millones de euros, es decir, la mitad de lo que cuesta el catering de un rodaje serio. El resultado: 28 millones recaudados y está camino de convertirse en una de las películas españolas más taquilleras de la historia. Torrente no ha tenido que explicar su duelo a nadie porque, sencillamente, no ha parado de facturar. Su único momento de introspección emocional dura lo que tarda en pedir otra caña.

Y aquí está la gracia del asunto: nadie le ha concedido a Torrente un premio a la mejor dirección, ningún crítico serio le ha dedicado un ensayo sobre el duelo en el cine contemporáneo, y sin embargo su presupuesto se ha multiplicado por casi cinco en la taquilla mientras el hombre de Cannes se ha quedado a deber. Si esto fuera una película de Almodóvar, este giro de guión sería el clímax: el patito feo se lleva el negocio y el cisne se queda mirando el agua.

El cine que se vende como embajador cultural de España necesita subvenciones, preventas y una selección en Cannes para sobrevivir en su propio país. El que la crítica mira con desdén se planta en el cine de tu barrio y llena la sala sin pedir permiso a nadie ni pañuelo a la salida.

Dos formas de pasar por caja

Conviene imaginar la escena: en un despacho de El Deseo, alguien repasa las cifras de "Amarga Navidad" con la cara que se le pone a Elsa cuando recibe la noticia de su madre. En otro despacho, el de Sony, alguien celebra a Torrente con un brindis de cava del Mercadona, porque el dinero, cuando entra a espuertas, no exige que sea de importación. Uno hace cine de autor con vocación de festival; el otro hace cine de chiste con vocación de recibo bancario. Adivinen cuál de los dos se ríe el último, y con más ganas.

Amarga Navidad

Presupuesto: 11,6 M€

Recaudación: ~2,6 M€

Retorno: -77%

Torrente, Presidente

Presupuesto: <6 M€

Recaudación: 28 M€

Retorno: +366%

La moraleja, servida sin azúcar (ni subvención)

No se trata de comparar el valor artístico de una elipsis emocional con el de un chiste sobre Marbella: son idiomas distintos y esa discusión pertenece a otra sobremesa, probablemente una más larga y con más vino. Se trata de dinero, que es lo único que no admite subjetividad ni premios ni jurado internacional. Y el dinero, esta Navidad, ha hablado clarísimo: prefiere reírse de España a llorarla, y prefiere hacerlo en chándal antes que en vestido de gala.

Almodóvar quiso hacer una película sobre la pérdida. Lo curioso, lo verdaderamente almodovariano del asunto, es que la pérdida más dolorosa no ha sido la de la madre de Elsa, sino la de los inversores, que probablemente ahora también necesiten un viaje a Lanzarote para gestionar el duelo. Torrente, mientras tanto, sigue de gira, cobrando en cines lo que su presupuesto ni soñaba, sin premios, sin Cannes y sin una sola escena de introspección, con la sonrisa del que sabe que a veces el turrón más caro no es el que más se disfruta en la mesa.

Así que aquí queda la estampa navideña definitiva de esta temporada de cine español: por un lado, el prestigio hace las maletas hacia festivales europeos y vuelve con una Palma bajo el brazo y la caja registradora vacía; por el otro, un expolicía racista, xenófobo y sudoroso convierte una broma de dos horas en el negocio del año. Si esto lo hubiera escrito el propio Almodóvar como guión, algún productor lo habría rechazado por "inverosímil". La realidad, esta vez, ha sido más gamberra que la ficción.

Torrente se merienda a Almodóvar
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