domingo. 19.07.2026

El espejismo verde de Canarias

Más de 17 millones de turistas al año, un tercio del PIB regional y protestas multitudinarias en las calles. ¿Es la sostenibilidad turística una transformación real o el mayor relato de marketing del siglo?

En la primavera de 2024, miles de personas salieron a las calles de Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura con una consigna: "Canarias tiene un límite". Era la primera vez en décadas que el turismo —columna vertebral de la economía del archipiélago— se convertía en el blanco de una protesta de tal magnitud. Y sin embargo, los folletos institucionales seguían anunciando un destino modélico en sostenibilidad. La contradicción era difícil de ignorar.

Un estudio reciente de la Universidad de La Laguna analiza con datos y testimonios esa brecha: la que separa el discurso oficial de la experiencia vivida por quienes residen en las islas. Sus conclusiones resultan incómodas para quienes gobiernan el sector, pero necesarias para entender hacia dónde puede —o no puede— ir uno de los destinos turísticos más visitados de Europa.

EL PESO DEL TURISMO EN CANARIAS (2024)

17,8M: Turistas recibidos en 2024

35%:  Del PIB regional aportado por el sector 

40%: Del empleo dependiente del turismo

512: Residentes encuestados para el estudio

Una economía rehén de sus visitantes

El turismo lleva décadas siendo la principal fuente de riqueza de Canarias. En 2011, el sector ya representaba cerca del 30 % del PIB y más de un tercio del empleo. Hoy esas cifras han crecido. La pandemia de 2020 dejó al descubierto hasta qué punto el archipiélago había apostado por un modelo sin red: cuando los aviones dejaron de aterrizar, la economía canaria se detuvo casi en seco.

La recuperación llegó, y con ella cifras récord. En 2024, Canarias registró casi 17,8 millones de visitantes. Una ratio turista-habitante que se encuentra entre las más altas del continente. Para los gestores del sector, el dato es un éxito. Para muchos residentes, es el origen de una larga lista de problemas.

El sector turístico concentra alrededor del 40 % del empleo y aporta cerca del 35 % del PIB. Su carácter estructural dentro de la economía canaria es innegable.
— ANÁLISIS DE DATOS ISTAC Y EXCELTUR, 2024

 

Esta dependencia estructural no es nueva: economistas como Raúl Prebisch ya describieron en los años cincuenta cómo las regiones periféricas tienden a quedar atrapadas en relaciones de subordinación respecto a los centros económicos. En el caso de Canarias, los grandes turoperadores internacionales y las cadenas hoteleras de capital externo ejercen ese papel dominante, condicionando precios, flujos y estrategias con una capacidad de negociación que el archipiélago pocas veces puede igualar.

La sostenibilidad como eslogan

El concepto de turismo sostenible nació con ambición. Desde el Informe Brundtland de 1987 hasta la Carta de Lanzarote de 1995 —irónicamente firmada en suelo canario—, los principios eran claros: crecer sin destruir, avanzar sin excluir. La Organización Mundial del Turismo los codificó como un equilibrio entre dimensiones económica, social y ambiental.

Pero la literatura académica lleva años señalando que esos principios se han vaciado de contenido. Investigadores como Richard Butler, Richard Sharpley o Martin Mowforth coinciden en que la sostenibilidad turística ha pasado a funcionar, en demasiados casos, como un relato de legitimación del crecimiento más que como una herramienta de cambio real. Se habla de sostenibilidad, pero se miden los éxitos en número de llegadas.

El estudio de la Universidad de La Laguna confirma esa percepción a nivel de calle. Más de la mitad de los 512 residentes encuestados considera que Canarias ha alcanzado un nivel de saturación turística. Y la mayoría no confía en que las políticas de sostenibilidad actuales tengan capacidad real para corregir los desequilibrios del modelo.

El uso institucional de la sostenibilidad carece en muchos casos de una definición operativa clara, lo que dificulta su aplicación efectiva en políticas concretas.
— MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ SUÁREZ, PRESIDENTE DEL CIT DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

El precio que paga quien vive aquí

La conversación sobre el turismo en Canarias no puede separarse de la conversación sobre la vivienda. El estudio documenta cómo el crecimiento del alquiler vacacional y la presión de la demanda turística han contribuido al encarecimiento del mercado residencial, especialmente en zonas costeras. Los residentes que trabajan en el sector —con salarios frecuentemente por debajo del SMI y bajo esquemas de alta temporalidad— son, en muchos casos, los mismos que no pueden permitirse vivir cerca de su lugar de trabajo.

Un dato del estudio resulta especialmente revelador: aunque el turismo sigue siendo valorado de forma moderadamente positiva por su contribución económica, la ciudadanía percibe que sus beneficios están concentrados en un número reducido de actores. Las grandes cadenas, los fondos de inversión y los operadores internacionales capturan la mayor parte del valor generado. Lo que queda para la economía local es, en proporción, mucho menor.

A esto se suma la presión sobre los servicios públicos. En los hospitales canarios, los quirófanos cancelan cirugías por falta de camas. Las carreteras de las principales islas colapsan en temporada alta. El agua —un recurso escaso en un archipiélago volcánico— se consume a un ritmo que los ecosistemas locales difícilmente pueden sostener.

LO QUE DICE LA CIUDADANÍA (ENCUESTA, 512 RESIDENTES)

>50%: Cree que Canarias está saturada turísticamente

Alta: Desconfianza hacia las políticas de sostenibilidad
Sí: Percibe impacto del turismo en el precio de la vivienda

No: Considera viable el modelo de "turismo de calidad" como solución

El mito del turista de calidad

Ante las críticas al modelo de masas, la respuesta institucional más repetida es la apuesta por el llamado "turismo de calidad": atraer menos visitantes pero con mayor poder adquisitivo, reducir el volumen pero aumentar el gasto medio. La propuesta suena razonable. Pero los encuestados no la compran.

La mayoría de los residentes considera que sustituir volumen por poder adquisitivo no resuelve los problemas estructurales. Los investigadores que analizan el caso lo expresan con mayor contundencia: el modelo de sol y playa, cualquiera que sea la franja de precio que se le añada, sigue consumiendo territorio, agua e infraestructuras al mismo ritmo. Cambiar el perfil del turista sin cambiar el modelo es, en el mejor de los casos, un ajuste cosmético.

¿Qué viene después?

El estudio no propone cerrar las islas al turismo. Lo que plantea es algo más difícil: una transformación estructural del modelo, orientada a integrar criterios de sostenibilidad real —no discursiva—, a redistribuir los beneficios y a garantizar que el crecimiento económico no se produzca a costa del bienestar de quienes viven en el territorio.

Entre las alternativas que la investigación señala figuran la regulación efectiva de los flujos turísticos, la implantación de instrumentos fiscales específicos —como una tasa turística de verdadero alcance—, la diversificación económica real y una planificación territorial que ponga freno a la expansión hotelera en zonas de alta presión ambiental. Ninguna de ellas es nueva. Todas llevan años en el debate sin pasar del papel a la práctica.

El experto en desarrollo territorial José Tomás Bethencourt, entrevistado en el estudio, habla de una distribución desigual de los beneficios del turismo, con alta concentración en grandes corporaciones y limitada reinversión local. Su diagnóstico apunta a la necesidad de una transición progresiva pero decidida: contención del crecimiento, mejora de la gestión de recursos, planificación territorial con criterios de largo plazo.

El archipiélago constituye un sistema altamente dependiente del capital externo y orientado al crecimiento continuo. Los límites de ese sistema empiezan a ser visibles.
— JOSÉ TOMÁS BETHENCOURT, ESPECIALISTA EN PSICOLOGÍA POLÍTICA Y DESARROLLO TERRITORIAL

Canarias está ante una encrucijada que no es exclusiva suya. Baleares lleva años debatiendo los mismos dilemas, con protestas similares y respuestas institucionales igualmente parciales. En Mallorca, los manifestantes también salieron a la calle bajo el lema "Mallorca no es ven". El problema no es canario ni balear: es el problema de todos los territorios insulares que han apostado por el turismo de masas sin preguntarse cuál es su límite.

La diferencia, quizás, es que en Canarias ya hay una generación que ha crecido viendo el precio de la vivienda multiplicarse, los espacios naturales transformarse y los salarios estancarse, mientras los aeropuertos marcaban récord tras récord. Esa generación está haciendo las preguntas que durante demasiado tiempo nadie quiso formular en voz alta.

El espejismo verde sigue en pie. Pero cada vez más gente ve a través de él.

FUENTE


Este artículo está basado en el Trabajo de Fin de Grado "El espejismo de la sostenibilidad en Canarias: análisis crítico del modelo turístico actual", de Adrián González Padilla (Grado en Turismo, Universidad de La Laguna / EUTUR)

Datos: ISTAC, INE, Exceltur, Promotur, Turismo de Canarias 

El espejismo verde de Canarias
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