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13:20h. Miércoles, 24 de Mayo de 2017

En el arco formado por el ramillete de las Islas Vírgenes, desde Puerto Rico hasta Granada, se encuentra la flor del Caribe Francés, la isla de Martinica.  Pertenece a las llamadas Antillas Menores, y dentro de éstas a las Islas de Barlovento. Su superficie total es de 1.100 kms2. Tiene 80 kms. De largo y 39 de ancho (medidas aproximadas a las de Hong Kong).  siendo el terreno montañoso y volcánico. La última erupción del Volcán Monte Pelée, aún activo, se produjo en mayo de 1902. 

Cristóbal Colón llegó a esta isla en 1502, pero no permaneció en ella, si bien la dio el nombre actual ya que el primitivo era Jouana Kaëra Martinino y estba habitada por indios caribes. Tampoco en sucesivos viajes se ocupó la Corona Española de colonizarla. Los franceses reclamaron su posesión en 1635 así como las de otras islas vecinas (Guadalupe, San Martín, etc.), y declararon a sus habitantes ciudadanos franceses. La capital es Fort de France. Cuando los franceses llegaron a la isla, potenciaron el cultivo de la caña de azúcar, tarea de la que se ocuparon los esclavos africanos llegados a la isla. Después se cultivaron también el tabaco y el cacao, pero sucesivas crisis hicieron que las plantaciones fueran arruinándose y la economía de la isla fue transformándose a lo largo de los siglos. En la actualidad el turismo es fuente principal de ingresos, si bien no se descuidan los tradicionales cultivos de caña de azúcar (fundamental para el ron), café, etc. Aunque la lengua oficial es el francés, el criollo martiniqués o creole es la lengua más extendida, siendo muy parecida al criollo de Guadalupe, Guayana y Haití.

La capital está perfectamente adaptada para el turismo. Sus calles son limpias; sus centros comerciales modernos y bien aprovisionados conviven con coloristas mercados donde las vendedoras proclaman a gritos sus variopintos productos hortícolas, frutales, de especias, de ron y de recuerdos artesanales. Es un placer recorrer a pie sus múltiples atractivos, desde el Fuerte San Luis hasta el bien conservado e interesante Museo de Arqueología, que alberga gran parte de la historia de sus habitantes y de los tesoros de la isla, o la impresionante Biblioteca Schoelcher. La Capilla del Calvario se encuentra en lo más alto de una montaña, desde donde se goza de un panorama magnífico. La Catedral, el Ayuntamiento y el Gobierno Civil son edificios a visitar para darse cuenta de que Francia no desatiende este Departamento tan lejos de la Metrópoli. Asimismo, hay que deleitarse en el Parque Natural Regional, en sus ríos y bosques de bambúes, o en el istmo de La Caravelle, que es Reserva Natural.

La isla puede presumir de personajes famosos que han dejado su impronta en todo el mundo. Quizá la persona más famosa sea Marie-Josephe Rose Tasher de la Pagere, más conocida como Josefina de Beauharmais casada en segundas nupcias con Napoleón Bonaparte. Su familia poseía una plantación de esclavos llamada La Pagerie y fue allí donde nació. Cuando Napoleón reestableció la esclavitud en la isla (1794), los lugareños acogieron esta decisión con un odio que se trasladó a la familia de la esposa de Napoleón. Esto explica que la estatua de Josefina en Fort de France haya sido destruida varias veces a lo largo de los tiempos. Además de este famoso personaje Martinica ha visto nacer a varios literatos y pensadores de prestigio, como Aimé Cesaire, René Menil, etc.

Gastronomía

Tratándose de un territorio francés, es obligado hacer apartado de un aspecto cultural tan mimado y considerado por los franceses como es el  culinario-gastronómico. De los primeros habitantes de la isla, los caribes, conservan la manera especial de conjugar las frutas naturales con otros alimentos como el pollo y algunos pescados; los esclavos (que tenían sus propias recetas conservadas de sus ancestros africanos aportaron también sabores y mezclas; los indios que llegaron posteriormente a la isla trajeron sus preciadas especias que enriquecen la variedad de platos; los europeos (principalmente franceses) añadieron también salsas recetas y condimentos. Así pues, la cocina de Martinica reúne enorme variedad de alimentos terrestres y marinos enriquecidos con variopintas recetas, condimentos y sazones. Entre los platos típicos que hay que destacar el feroce de aguacate, el buding creole (parecido a la morcilla), el kalalou (una sopa de color verde muy popular), los tiriris (pececitos pequeños parecidos a los chanquetes), dombré (una bola hecha de harina y agua con muchas especias), el arroz con bacalao, cerdo y pollo mezclados con curry, el chèlou (vísceras de buey y cordero tomadas con arroz). Tanto el bacalao, como los cangrejos y una gran variedad de pescados son muy preciados en la isla, así como la caña de azúcar, cacao, café, etc. Un postre muy apreciado es el blanc-manger (pastel a base de almendra y crema). El ron merece mención aparte por ser la bebida por excelencia. Hay dos variedades principales: el ron agrícola (casero) y el ron industrial (negrita). Se hacen también otras bebidas que tienen al ron como base principal: el Ti Punch (sirope de azúcar de caña, limón y ron; el Planteur (mezcla de ron con zumo de frutas). Hay otras muchas bebidas y licores artesanales, y no es de despreciar la enorme variedad de zumos hechos con frutas tropicales: guayaba, tamarindo, mango, guanábana, etc.

Medio Ambiente y Turismo

Merced a su benigno clima la isla puede ser disfrutada prácticamente todo el año. Sus habitantes gozan de playas paradisíacas donde las familias acuden para relajarse y disfrutar de las múltiples atracciones que ofrecen sus cristalinas aguas con arrecifes de coral y su rica vida marina. Hay dos estaciones: la lluviosa de mayo a diciembre y la seca de enero a abril. La temperatura media es de 26 grados. En este idílico panorama hay que tener en cuenta que la isla (como toda la zona del Caribe) está sujeta a la llegada de ciclones, huracanes y fuertes vientos que irrumpen en sus costas causando profundos daños en vidas y haciendas, y dejando a veces arruinadas las tradicionales plantaciones.

Los habitantes de la isla están orgullosos de su riqueza forestal y de su fauna: manikous (de la familia de las zarigüellas), tarántulas, iguanas, serpientes, colibrí, etc. La vegetación es la propia de los bosques tropicales. El gran peligro para la conservación de la naturaleza viene del mar. Los maravillosos arrecifes de coral, vitales para la vida silvestre y para algunas especies de peces, se ven amenazados desde hace años por una contaminación muy agresiva proveniente de destilerías, mal tratamiento de aguas residuales, pesca incontrolada, etc.

El turismo es hoy día fundamental para la economía isleña. Sus idílicas playas de fina arena blanca adornadas con elegantes palmeras son un reclamo para los viajeros del norte de América o de Europa que anhelan sol, aguas cristalinas, práctica de deportes náuticos (pesca, buceo, jet ski, kite-surf, winsurf), así como la exploración de arrecifes y otras muchas atracciones. Para los aficionados al trekking y al estudio de la flora y fauna tanto en las costas como en el interior de la isla existen bellezas innumerables, como la contemplación de extensos espacios cuajados de orquídeas lilas y gran variedad de flores tropicales. Existen también manantiales de aguas termales que ofrecen su beneficiosa influencia para la salud y el bienestar del que lo disfruta.

El turismo, que cada vez es más numeroso, puede gozar también de otro aliciente: la música, que está bien diferenciada en la costa y en el interior (a la que llaman mornes). Esta última, quizás la más peculiar, es una variada mezcla de baile, instrumentos y narración. Se acompaña con elementos de percusión, sobre todo el tambor. Su representación más genuina es el béle. El chouval bwa es un tipo de música que se practica en ferias y fiestas locales. El damnié tiene reminiscencias ancestrales, pues es un tema musical que se asocia a la lucha de guerreros. Más suaves y modernas son: la mazouk y la mazouk pitjé, tipo de mazurcas criollas muy populares entre la población. Para cada ocasión o fiesta todos los pueblos tienen sus particulares sones. En el carnaval hay un despliegue extraordinario de este tipo de música, donde cada cual hace su aportación a la fiesta. Naturalmente, la música contemporánea se ha infiltrado también entre la juventud y es fácil encontrar géneros musicales principalmente de Norteamérica y de Europa, si bien los martinicos aplican modificaciones en muchos de estos ritmos, adaptándolas a su idiosincrasia. También son bien acogidos entre la juventud los ritmos provenientes de las Antillas Inglesas: el wouk, el kadans, el ragge, etc.

El turismo que viene

Para el turismo que llega a la isla es muy gratificante conocer que hay unas estructuras sanitarias muy sólidas y que es bueno su nivel de seguridad. Hay frecuentes conexiones aéreas con la metrópoli y con otros puntos de Europa y América. El uso del euro es una gran facilidad para los europeos.

Una nueva forma de turismo se está introduciendo cada vez más desde hace varios años. Se trata de los cruceros que hacen rutas por el Caribe. Martinica es una de las islas de obligada visita por todo lo que tiene que ofrecer al turista en forma de recuerdos y artesanía bellamente confeccionada, y comercio moderno que convive con el tradicional, además de las bellezas paisajísticas y naturales ya descritas.

La isla Martinica, cuyo nombre rememora aventura y color (no hay que olvidar que los piratas del Caribe recalaban en ésta y en otras islas del Caribe para esconder sus tesoros) es un reclamo para el turismo: playas doradas, arenas cálidas, sol acariciante, océano azul y esmeralda, bosques tropicales… Un paraíso de luz y color que hay que descubrir y disfrutar.

Paraísos perdidos… Martinica