Conocimiento y profesionalidad en el Turismo: una necesidad evidente

RELIGIONES, POLÍTICA, Y ACTIVIDAD TURÍSTICA

La ignorancia y la falta del conocimiento, entorpecen la labor del profesional del turismo condicionando su gestión, y relegándole en sus aspiraciones de progresión en su mundo laboral.

LA HISTORIA COMO REFERENCIA

En los comienzos del “boom” turístico español, allá por los principios de los años sesenta del pasado siglo, los que seguíamos de cerca ese llamado – creo que con toda propiedad – fenómeno, comenzamos a observar con detenimiento su desarrollo desde una óptica que nada tenía que ver con sus ganancias económicas, ni con sus repercusiones políticas. Estábamos ante un movimiento de la sociedad mundial que había que considerar como una poderosa llamada para conseguir un mundo en paz.  De ahí aquel oportuno y sugerente slogan de la UIOOT (Unión Internacional de Organismo Oficiales de Turismo, cuna de la OMT): TURISMO, PASAPORTE PARA LA PAZ.

Dentro de este contexto, no solo los españoles iban detrás de las escandinavas, inglesas o las alemanas, buscando sus libertades sociales, sino que un grupo de pensadores e investigadores, como si de miembros del mismo Instituto Hudson de tratara, se introducían en los usos y costumbres de estos adelantados países, intentando comprenderlos y adaptarlos a un entorno social evidentemente atrasado en todo ese escenario de la vida socio-económica de aquel entonces.

De ahí que se detectará la necesidad de una preparación – al menos básica – que diera la oportunidad de poder entender las realidades de la política y la religión que portaban los turistas de países que llegaban por miles a tierras españolas, a disfrutar ¿Por qué no decirlo? de la ignorancia de sus pobladores sumidos a las más burdas estrecheces informativas, hasta el punto de que para ver una película pornográfica había que cruzar la frontera y verla en Francia.

Son muchas las horas que pasamos en nuestra juventud debatiendo sobre este tema. Recordamos una célebre velada, en Barcelona, amenizada con el exquisito aroma del Mascaró – todavía se podía decir coñac – en el Hotel Diplomático junto a los tristemente desaparecidos, Jorge Vila Fradera, Oskar Dignoes, y nuestro anfitrión Eudaldo Molas, donde durante largas horas nos informamos de los distintos elementos de las actividades religiosas y políticas, y su práctica, que los extranjeros estaban extendiendo en España. Introducidos en ese mundo turístico que evolucionaba a millón, fuimos espectadores y actores, de todo este panorama.

CULTURA Y CONOCIMIENTO UNA NECESIDAD

Participamos a fondo en varios debates nacionales sobre los programas que debían aplicarse a los llamados ya “técnicos de turismo” en España, de lo cual éramos pioneros. Luchamos hasta el cansancio por introducir en la carrera española de turismo  –“Técnico de Empresas Turísticas – la mayor parte de asignaturas de humanidades y cultura, frente a una disparatada programación donde habían hasta seis materias de derecho ¿?. En esa lucha permanente, poco se consiguió en unos momentos en que los estudios turísticos en España y su programación, estaban casi todo en manos de militares.

Nuestra esclarecedora visión estaba recogida del movimiento mundial que se apreciaba en el turismo de masas, sus andanzas en los lugares emergentes de destino, y en nuestros permanentes contactos con los dirigentes y gestores de todo ese nuevo entramado, cuyo reflejo llevábamos hasta nuestras aulas colmadas de alumnos ansiosos de llegar a los puestos directivos de una actividad que se iba consolidando como una excelencia en el desarrollo de los mas importantes lugares del mundo.

Un director de un hotel o de una agencia de viajes, era una persona culta, bien vestida, amable y pendiente siempre de ser agradable a su interlocutor. Era la imagen que se proyectaba, y que le colocaba por encima de muchas de las profesiones académicas más prestigiosas, por su grado de aceptación en el mundo social donde debía ser un paradigma. Y lo era.

LA CULTURA RELIGIOSA Y SU IMPORTANCIA TURÍSTICA

Dentro de este escenario, el análisis cuantitativo del movimiento turístico mundial había que hacerlo en base a unos conocimientos que tenían por fuerza mayor, la dirección establecida de unas corrientes turísticas marcadas por sus incentivos de forma muy clara, como son las peregrinaciones a los más conocidos lugares como La Meca, Lourdes, Fátima, El Camino de Santiago… o los mas míticos lugares como el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas, en Ipiales, Colombia, un extraño y extraordinario lugar donde asisten colombianos y ecuatorianos en peregrinación, y donde fuéramos una vez, desde Pasto, para admirar esa preciada joya cultural, del país andino,

Las celebraciones religiosas tales como las romerías… impresionante la del Rocío, Andalucía, España, de fama mundial, o la Semana Santa de Sevilla, Málaga… son claros ejemplos de la influencia de los motivos religiosos en los movimientos del turismo mundial.

Es por eso, y es razón mas que suficiente, que el conocimiento de la historia de las religiones y su evolución en el mundo actual, tiene que ser asignatura obligatoria para todo el que se precie ser un buen gestor del turismo.

Viene todo esto a cuento, porque recientemente encontramos un artículo periodístico en un diario de Canarias, escrito por el profesor Eduardo Jordá, con el que, no es que estemos de acuerdo, sino que lo suscribimos en todo su contenido.

“Una vez, no sé a cuento de qué, les pregunté a mis alumnos americanos si conocían la historia del Diluvio Universal. Todos contestaron que sí. Después les pregunté si sabían quién era Noé, el constructor del Arca. También me contestaron que sí, y algunos hasta me dieron explicaciones muy divertidas sobre el patriarca bíblico (“La Biblia dice que Noé llegó a vivir 950 años, y eso que le gustaba mucho el vino y se emborrachaba a menudo. Procuraré seguir su ejemplo por el bien de mi salud”, me dijo un chico de New Jersey que estudiaba Economía). Esos alumnos venían de lugares muy distintos – Carolina del Sur, Arkansas, Colorado, Manhattan – y habían estudiado en centros de todo tipo -públicos, privados, laicos, cristianos, judíos-, pero todos demostraron conocer muy bien la Biblia y todas las historias y personajes que conforman uno de los mayores tesoros de la cultura universal. Pero si se hiciera esa misma pregunta a universitarios españoles, habría un porcentaje muy alto que no tendría ni idea del Diluvio ni de Noé. De hecho, les pregunté una vez a unos estudiantes de Derecho si habían leído el mito evangélico de los Reyes Magos y me contestaron que no. Y lo único que sabían de los Reyes Magos era lo que habían oído en la televisión o les habían contado sus amigos y familiares. Es decir, que todo lo que sabían se reducía a la parte anecdótica y comercial de la cabalgata de Reyes y los regalos para los niños. Y nada más.”

Nada más real y verdadero que lo que aquí expresa este documentado comentarista, sobre lo cual tenemos las más amplias anécdotas a través de nuestra dilatada experiencia profesional.

DE LOS MITOS A LA REALIDAD

“Hay gente que pensará que ese desconocimiento de todo lo que se refiera a la Biblia y a la tradición cristiana es un gran logro de nuestro sistema educativo, pero cualquier persona con dos dedos de frente sabrá que es una catástrofe. Ni Dante ni Rembrandt ni Miguel Ángel se pueden entender si uno no conoce bastante bien las enseñanzas bíblicas. Y no me refiero, y que quede claro, a la enseñanza obligatoria de la doctrina religiosa en los colegios como simple adoctrinamiento moral. Para nada. Me refiero a que cualquier estudiante mínimamente preparado debería cursar una asignatura de Historia de las Religiones. Y lo mismo que se debería enseñar la historia de la religión cristiana, también se deberían enseñar la judía y la musulmana y la budista. E insisto una vez más en que esa enseñanza se debería hacer de forma razonada, o incluso crítica, y sin hacer proselitismo alguno a los estudiantes. El mito de Adán y Eva, la torre de Babel, el Diluvio, la peregrinación de Mahoma a La Meca, la reencarnación de las almas o el Talmud: todos estos mitos religiosos deberían resultar familiares para cualquier alumno medio.”

Así continúa Eduardo Jordá, su comentario. Más claro ni el agua.

Para un profesional del turismo, el desconocer las realidades políticas del mundo o el gran problema de sus religiones, es una laguna imposible de llenar, ya que son la parte más importante de la actividad cívico-social que le toca desarrollar, en la cual su habilidad y su diplomacia juegan un importantísimo papel. De ahí, que tengan un valor determinante para su proyección profesional, la amplitud de su cultura, por supuesto, por lo que hoy tenemos: la historia de las religiones y de la política mundial. Hay que estar al día.

Un buen gestor en el mundo del turismo de hoy es inconcebible sin un conocimiento de la actividad política mundial, no solo en su parte económica – que es vital -, sino también en su parte socio-cultural que supone un plus necesario, añadido a sus conocimientos profesionales de cómo manejar una empresa. No es  de la partida, ni está por la causa, un profesional turístico que ignore la historia universal, o los efectos que actualmente informan la gestión política del mundo.

 Se hace necesario una amplia cultura y una exquisita diplomacia para saber estar en los posibles debates de una sociedad que, hoy por hoy, está en la era del conocimiento. Un profesional del turismo tiene que ser el modelo a imitar dentro de todas las profesiones conocidas, con el fin de que participe con éxito, en que sea posible la creación de ese mundo en paz que todos deseamos.

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