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Cabeza de Perro, el tesoro y su espectro

Sara King Cohen | Historiadora y Psicóloga

Sara King Cohen | 14 de agosto de 2012

Cabeza de Perro
Cabeza de Perro

El ilustre pirata tinerfeño Angel García, apodado “Cabeza de Perro”, tras cometer las mayores fechorías a bordo de su bergantín “El Invencible” a lo largo y ancho del Caribe; acumuló una inmensa fortuna.

El viejo zorro de mar, consciente de que la edad era un hándicap, quiso preparar su retirada con el objeto de regresar a su pueblo natal, Igueste de San Andrés y allí, pasar sus últimos días. Pero a su llegada a la isla de Tenerife fue apresado y según cuenta la historia oficial, ejecutado.

Manuscritos encontrados a principios del siglo XX en La Habana; redactados por el entonces, Jefe de los servicios secretos españoles, el “Marqués de la Ensenada”, han puesto de relieve que hubo una negociación previa para su entrega. Cabeza de Perro era una pieza fundamental para reportar sobre la piratería que tanto daño estaba haciendo a la navegación desde el golfo de Méjico hasta los bancos de las Bahamas, diezmando la flota española comercial.

En 1868 el Jefe de los servicios secretos le encomendó al laureado Valeriano Weyler, que por entonces se encontraba en Cuba, negociase secretamente con el pirata. Las reuniones tuvieron lugar en la isla de la Culebra donde se pactó el plan a seguir. A Cabeza de Perro le acompañaba su fiel escudero el cubano “Plácido el Mandinga”. Wayler conocía a la perfección la inmensa fortuna que el pirata poseía en el caribe; cuestión que obviamente se trató, con la intención de trasladarla a España.

En 1869, años antes de ser Capitán General del archipiélago Canario, Weyler apresa a Cabeza de Perro a su llegada a la isla de Tenerife y posteriormente, como cuenta la historia, es ejecutado.

La “puesta en escena” transcurrió según lo planeado…

Tras su llegada, los tesoros del pirata fueron puestos a buen recaudo y escondidos en los aledaños de lo que hoy es el antiguo Fielato de Santa Cruz de Tenerife, zona que estaba controlada por el ejército. Así pactaron ambos caballeros para posteriormente, repartirse el botín. Weyler, comunicó a la oficialidad que la fortuna de Cabeza de Perro se había perdido en el naufragio de una de sus naves, cuando regresaba de America.

La avaricia del General, determinó que ordenara a sus hombres de confianza asesinar al pirata y a su lugarteniente. Plácido “El Mandinga” era un destacado miembro de los yorubas por lo tanto brujo afrocubano. El consiguió escapar de la cruel traición; escaramuza que se produjo al intentar saber donde estaba el tesoro. Cabeza de Perro murió degollado. Los sicarios del General fueron posteriormente trasladados a Filipinas, donde murieron tras contraer la fiebre amarilla. Soló quedaron como testigos el lugarteniente del pirata y el General. 

En 1877 Weyler pide ser Capitán General de Canarias con la intención de poder recuperar el suculento botín. Va al inhóspito lugar y al entrar en la vetusta dependencia que era usada para maniobras del destacamento, sufre un infarto y es trasladado al hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, donde permanecerá varios meses en estado crítico. Este acontecimiento es silenciado.

Tras una larga recuperación e impaciente por poner a buen recaudo las riquezas del pirata, Weyler regresa al macabro escondite y al cruzar el dintel de la puerta, le sobrevienen fuertes espasmos seguidos de otro infarto, cayendo a plomo tras perder el conocimiento. Es trasladado al hospital en el que permanecerá una larga temporada. Ante su debilidad, le sobreviene la fiebre amarilla adquirida en el Caribe, y en su convalecencia, según cuentan, llevado por el delirio febril, murmura temerosamente que - "Cabeza de Perro le persigue y lo quiere asesinar..."

Conocedor de los actos de magia negra que se practicaban allende los mares, y en la creencia de ser portador de una maldición, Weyler decide no regresar jamás al proscrito lugar. En un acto de temor por su vida pide ser trasladado a Filipinas, decidiendo poner tierra por medio…

Años después, el 12 de noviembre de 1898, el gobierno aprueba el proyecto del ingeniero valenciano Julio Cervera, para la concesión y explotación del tranvía de Tenerife, al belga Aleixes de Reus. Y el por aquel entonces alcalde de Santa Cruz de Tenerife, D. Pedro Matías Francisco Schwartz ordena construir en el lugar de la vetusta caseta militar situada a las afueras de la ciudad, en medio de la nada, un edificio de apoyo para el tranvía, a medio camino de la capital y la ciudad de La Laguna.

Dicha construcción de naves rectangulares y techo a dos aguas de rojas tejas, albergaría todo tipo de material para el mantenimiento del tranvía. Curiosamente, los custodios que intentaron pernoctar en dicha instalaciones, decidieron nunca hacerlo. Pronto se corrió la voz de que cosas extrañas sucedían en el citado lugar y tras las dificultades para encontrar guardián, finalmente se decidió que cada día, a la puesta de sol fuera éste cerrado “a cal y canto”. Bernabé Asían relató que allí ocurrían fenómenos paranormales. Se hablaba de que una misteriosa presencia deambulaba por el lugar, así como de puertas que se abrían y cerraban solas, luces que brotaban del suelo y se paseaban por las estancias, voces rotas que murmuraban cosas ininteligibles. Un profundo vacío invadía el espacio, a la vez que una fuerza misteriosa helaba el alma de quién en él entraba…

Durante el primer cuarto del siglo XX, dichas estancias carentes de custodia no sufrieron robo alguno. El rumor de que dicho enclave estaba maldito fue extendiéndose con rapidez. Los trabajadores del tranvía nunca entraban solos al recinto, una vez terminaban sus tareas, lo cerraban. El polvo de sus estancias, se tornó perenne alimentado por la oscuridad absoluta de sus sempiternamente cerradas contraventanas. Unas fuertes presencias habitaban aquella extraña casa solitaria, a mitad de camino entre las dos ciudades.

En 1927, el Gobierno de la Isla de Tenerife adquirió el tranvía y  allí se instaló el popularmente conocido Fielato. Lugar destinado al cobro de impuestos por la entrada de productos y mercancías a la ciudad. Los fielateros se encargaban de gestionar este “mal llamado” puesto fronterizo en el que los sombrajos producidos por los cañizos de la parte frontal, eran utilizados para realizar el cobro de las tasas e impuestos. Según cuentan algunos nietos de los fielateros, éstos tenían pánico a pasar a su interior en el  que se oían voces y al anochecer, luces de candiles deambulaban como flotando alrededor de la finca.

Cuentan quienes fueran usuarios del transporte en aquella época, que cuando el tranvía hacia su parada obligada en este misterioso punto y el fielatero, les requería a pasar al chamizo exterior para realizar sus declaraciones, se les ponían los pelos de punta y sentían estremecerse sus corazones. Durante décadas, se transmitió de generación en generación el rumor de que en aquella casa habitaba un ser sobrenatural.

Finalmente, el tranvía desaparecería en 1951. ¿Por qué…?

A principios de la década de los 60, la casa pasaría a formar parte de las  dependencias del Real Automóvil Club de Tenerife. El deplorable estado en el que se encontraba por aquel entonces, de casi abandono, hizo necesaria la reparación de sus derruidos techos y la necesidad de adecentar su decrepitud. Cuentan los socios del Real Automóvil, que allí ocurrían fenómenos paranormales. En varias ocasiones, se quemó la instalación eléctrica y la casa estuvo a punto de arder encontrándose reunidos en su interior. Se abrían boquetes en las paredes, los suelos se hundían, se cortaba la electricidad; en la oscuridad brillaban ojos vigilantes que revoloteaban por las estancias…

A los pocos años los socios decidieron abandonar el lugar, sin dar muchas explicaciones…

A finales de los años 60 se instala en el Fielato, el Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) realizando una importante inversión para reparar y poner a punto la longeva instalación. Para ello, contó con la financiación del millonario filántropo norteamericano James Velkov, quién apareció por allí como por “arte de magia”, estando de regreso de un viaje en barco desde New York a Francia. ¿Por qué se presentó allí? ¿Qué le impulsó a quedarse a vivir en Tenerife, donde fallecería más adelante?

Durante este último medio siglo los misteriosos hechos y apariciones paranormales, no han dejado de sucederse en el citado lugar. Diferentes fenómenos inexplicables se han venido sucediendo, ruidos extraños, vibraciones, gemidos, cuadros que se mueven, fuertes respiraciones y risotadas infernales.

La aparición de espectros que deciden alojarse allí donde ha transcurrido un acontecimiento trágico, suele ser habitual, según afirman los expertos.

Al atardecer, estando reunidos los directivos del CIT las puertas comenzaban a chirriar, aparecían sombras en las paredes, se oían pisadas, los cuadros se caían, los grifos del agua se abrían, salían manchas en las paredes... que días después desaparecían...

En la noche del 19 de enero de 1978, se perpetró un atentado en la citada sede del CIT. El Movimiento para la Autodeterminación e Independencia de Canarias (MPAIAC) forzó la puerta de entrada y uno de sus comandos quiso colocar en su interior una bomba de «goma-2»;  con la intención de hacer desaparecer la señera organización turística.

Ese día a última hora se había programado una importante reunión de los empresarios del turismo de la isla. Pero el espectro del pirata, hizo que se quemase la instalación eléctrica, quedando el edificio sin luz, ni teléfono, lo que motivó que la reunión se celebrara en el Hotel Mencey.  

El Comando que llegó al anochecer forzó la puerta de entrada pero algo sobrenatural les impidió pasar al interior del recinto; un miedo reverencial invadió a sus integrantes, que huyeron rápidamente del lugar, abandonando en su huida el artefacto en la puerta principal. A los pocos minutos, una fuerte explosión causaría graves daños en la estructura del edificio, destrozando la cubierta de teja francesa y la viga principal del edificio. Afortunadamente, nadie se encontraba en su interior en el momento del suceso, o mejor dicho, nadie con “apariencia física” puesto que el espectro, se tornó centinela y guardián de su nueva morada, velando para que ésta se mantuviera en pié y liberando de una muerte cruel a los empresarios turísticos.

Tras sufrir una nueva remodelación, el Fielato se ha convertido en una casa protegida por Patrimonio Histórico.

Nos cuentan testigos que allí siguen ocurriendo fenómenos inexplicables. Sus inquilinos tienen claro que hay presencias muy fuertes. Han tenido en estos años diferentes mujeres de la limpieza y ninguna de ella a pasado de un par de semanas. los espectros les esconde los materiales, desaparecen cosas, se siguen cayendo los cuadros, suenan campanas, en la oscuridad hay ojos que te miran y esto les ha producido intensos escalofríos que hacen que no vuelvas más.

En los años 90 una  sociedad secreta de origen judío, se encargó de realizar una serie de investigaciones, análisis y psicofonías, que tuvieron como resultado la captación a través de cámaras y grabadoras, los diferentes fenómenos que allí se suceden, y entre los que destacaban las bruscas bajadas de temperatura, la aparición de sombras, el desplazamiento de objetos, así como la levitación de muebles... Tras varios años de investigación y estudio, se dictaminó que allí habitaba entre los espectros, el de Cabeza de Perro.

A principios del siglo XXI el Centro de Iniciativas y Turismo instaló una emisora de radio en el Fielato, cuyos programas se transmiten a través de las ondas de frecuencia modulada e Internet para todo el mundo. La intensa energía purificadora que emana del interior del Fielato se ha relacionado con la emisión de radio, con registros de una voz masculina que enuncia contenidos significativos y cuya morfología característica en cuanto a su timbre, tono, velocidad y modulación se repite. En ocasiones, estas psicofónicas han respondido a preguntas, llegando a producirse pequeños diálogos con el espectro del pirata Cabeza de Perro. Cuba, Méjico, Venezuela, Canadá, Estados Unidos, Laponia, Polonia, Rumania, Rusia, India, Australia son algunos de los lugares en los que se tiene constancia por parte de la paraciencia de la presencia del pirata a través de su voz durante la emisión de radio.

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