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Diyarbakir, la luz de Turquía.

Nuria Alberti Ausejo | 15 de Octubre de 2018

Mi nombre en árabe, Nura, significa “luz”. En el día Mundial del Turismo viajo a Diyarbarkir, “el París del Este”, como sus propios habitantes la denominan, aunque bien la podríamos describir como la ciudad turca de la Luz y apodarla “Nura”.

En la Anatolia turca, a apenas dos horas de vuelo de Estambul, a orillas del río Tigris, se erige esta imponente ciudad cargada de Historia e iluminada por una potente luz que asoma en todo su esplendor ya desde el amanecer.

Patrimonio de la Humanidad desde 2015, la Unesco reconoció el valor cultural y patrimonial de la ciudad, en su conjunto “Paisaje cultural de la fortaleza de Diyarbakır y jardines del Hevsel”. Diyarbakir, ciudad fortificada, consta con la segunda muralla más importante del mundo, por detrás de la muralla China. Construida durante el reinado de Constantino con el fin de protegerla de las invasiones, sus casi seis kilómetros de muralla de basalto negro, 82 torres de vigilancia y cuatro puertas de entrada, se muestra hoy prácticamente intacta.

Ciudad que en el limes romano llevó el nombre de Amida y que romanos, persas, bizantinos, árabes, turcomanos se la disputaron a lo largo de su agitada historia. Leer la descripción que hace Stephen Dando-Collins en su obra titulada “Las Legiones de Roma”, de la toma de Amida por los persas, es una buena introducción a los dramas históricos desarrollados en ese teatro vivo ahora denominado Diyarbakir.

Iniciamos la visita del centro histórico de Diyarbakir y sus monumentos religiosos a pie, adentrándonos en sus murallas, para pasear por sus calles estrechas, bulliciosas, llenas de vida. Hacemos una alto en  los caravanserrallos de Hasan Pasa Hani, hoy convertido en centro de  parada obligatoria para  tomar un té antes de visitar la Gran Mezquita, la Unlu Camessi, la más importante de las veintidós que existen en la ciudad y la más antigua de Anatolia, construida inicialmente como catedral cristiana  llamada “Santo Tomás”. Proseguimos el recorrido visitando La Mezquita de Beharampasa, construida por el Gobernador de Diyarbarkir en 1572.re

Alentada por seguir la costumbre, paso siete veces bajo las cuatro columnas del Minarete de los cuatro pies, lo que me garantiza buena suerte según una antigua tradición.

Fruto de la herencia y coexistencia de religiones que han dejado huella en edificaciones sagradas, las Iglesias también merecen una visita. La Iglesia Armenia de Santo Giragos, voz apagada que nos habla de limpiezas étnicas que, en su día, redujeron drásticamente las poblaciones cristianas de origen kurdo y armenio; o la Iglesia Ortodoxa Siriaca de Nuestra Señora que fue construida como templo pagano en el siglo I d.C. La construcción actual data del siglo III y ha sido restaurada en múltiples ocasiones.

 Iniciamos el recorrido turístico a los monumentos civiles, comenzando por la visita a la mansión de Cemil Pasha, ejemplo de arquitectura tradicional con decoración de piedra caliza blanca y basalto negro, convertida hoy en Museo, forma parte de un proyecto liderado por la municipalidad, empresas públicas y privadas, de reconversión y restauración de edificios antiguos, con el fin de relanzar el comercio, la cultura y el turismo de la ciudad.

Diyarbakir es una ciudad de contrastes. Murallas adentro, mujeres vestidas con el traje tradicional nos saludan desde las puertas de sus casas con una sonrisa abierta y cálida mientras que los hombres cantan melancólicas melodías reflejo de historias pasadas.  

Alrededor del centro histórico se ha desarrollado una ciudad moderna, de grandes y largas  avenidas repletas de centros de ocio, restaurantes, discotecas, bares, hoteles de cadenas internacionales, edificaciones de viviendas futuristas que acogen según la tradición a esposos, suegras, consuegras, hijos y hermanos.

Si me impresionó la belleza del centro histórico de Diyarbarik y el contraste con el desarrollo moderno de la ciudad, no menos impactante me resultó la visita al emplazamiento neolítico de Cayönu, de casi diez mil años de antigüedad cuyos restos de excavaciones permanecen en el Muso de Diyarbakir.

No en vano el esfuerzo de la Municipalidad de Diyarbakir por devolverle el esplendor y hacer de la ciudad un referente de destino turístico, fue premiado por la Federación Internacional de Periodistas y Escritores de Turistmo, Fijet, con su galardón “Pomme d’Or”, el premio Oscar de Fijet en una ceremonia celebrada el 30 de septiembre en el Hotel Radisson de Diyarbakir. El Presidente de la Federación , D. Tjani Haddad,  remitió al gobernador de la ciudad, D. Hasan Basri Guzeloglu la Pomme d’Or en presencia de los responsables locales y regionales. 

D. Tijani Haddad alagó los proyectos realizados para promover el desarrollo de la ciudad y la promoción del sector turístico, el esfuerzo para la preservación del patrimonio cultural e histórico. Aprovechó para recalcar que la entrega de la Pomme d’Or es un reconocimiento al esfuerzo realizado para la consolidación del sector turístico que constituye el factor más importante para la promoción de la paz, la tolerancia y la convivencia entre los pueblos.

El gobernador de Diyarbakir agradeció al Presidente de Fijet  la entrega de este prestigioso premio, afirmando que el apoyo de Fijet permitirá a la ciudad desarrollar aún más su turismo y animar a los turistas a que acudan a descubrir su riqueza natural e histórica.

Viajar a Diyarbakir no es sólo visitar una interesante ciudad de Turquía, es como consultar la colección viva de silenciosas pero elocuentes huellas de la milenaria historia de una zona de Oriente Medio que ha sido cuna y testigo de contrapuestas civilizaciones. No es un viaje más, es una experiencia, ¡vívela!

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