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Capri. La isla italiana que ha fascinado a ricos y famosos

Francisco Gavilán | Psicólogo y periodista. Miembro: World Federation of Travel Journalists and Writers (FIJET).

Turiscom CIT: turismo y viajes | 10 de Diciembre de 2018

Capri
Capri

Nada más desembarcar del alíscafo que te lleva de Napóles a Capri en 30 minutos, te sorprende el intenso tránsito humano y motorizado alrededor del puerto turístico Marina Grande. Gentes de todos los colores e idiomas, unas, decididas que parecen saber adónde van,  y otras, dubitativas, recién llegadas, se entrecruzan en medio de scooters, taxis y blancas limusinas –cubiertas o descapotables—ocupadas éstas por viajeros en cuyas miradas descubres que una de sus preocupaciones en su vida no es precisamente el dinero. Son sólo las primeras muestras de glamour en una de las islas más afamadas del mundo.

Capri es célebre no sólo por su hermosa orografía, playas y grutas. Lo es también porque, desde hace muchísimos años, es el destino veraniego favorito de ricos y famosos. Ese tipo de gente que tiene la suertede poseer espléndidas residencias en las lomas de sus pintorescas montañas. Y es que Capri ha fascinado siempre a personajes del cine, la literatura, la televisión o artistas de cualquier tipo que un día cayeron rendidos a sus encantos. Cuando Pablo Neruda visitaba la isla confesaba:“Siento siempre la llegaba de un inmenso caudal de inspiración”. Hace ya más de medio siglo Capri llegó a ser el corazón de la dolce vita cuando personajes como Jackie Onassis, Sofía Loren o Clark Gable aparecieron por sus playas llenas aún de guijarros.

Paparazzi a la “caza del famoso”

Pero, desengáñate, no te toparás por la calle con ninguna celebridad antes de las siete de la tarde. Aunque la isla no es demasiado grande, tampoco resulta  difícil encontrar a algún actor, actriz, cantante o modelo en determinados lugares y ambientes. Como el de La Piazzeta, si de almorzar se trata, o en vía Carmerelle, la calle de boutiques de lujo. O, al atardecer, tomando un aperitivo en la fastuosa terraza de Quisisana. O, seguro, mucho más tarde, en los locales nocturnos clásicos.

Eso no impide que siempre haya algún paparazzo a la “caza de famosos” en el propio puerto turístico de Marina Grande, ante la expectativa de sorprender a alguno de ellos descendiendo de sus lujosos yates. Aunque un código no escrito entre los profesionales del turismo promueve respetar, en la medida de lo posible, la privacidad de los que aportan ese plus de glamour  y economía a Capri. Esta es una de las razones por la que los personajes famosos son leales a la isla. Pero ésta  ya no es hoy “un refugio sólo para privilegiados” me asegura L. Franchini, un napolitano asiduo veraneante.

Una excelsa atalaya a tiro de teleférico

Sin embargo, Capri es mucho más que sus famosos visitantes o residentes. En la isla coexisten dos realidades urbanas: Capri y Anacapri. Y para tener una espléndida panorámica de ambas, lo mejor y más rápido es acceder por el teleférico hasta el Mirador de Augusto, en  La Piazzeta. Desde esta atalaya resulta excitante disfrutar de las vistas de un mar color lapislázuli, identificando en él i fariglioni –tres islotes rocosos a muy poca distancia de la orilla— o los acantilados, las calas y las playas. Sin perder de vista tampoco  el variopinto y verdoso paisaje de las montañas, salpicado de numerosas villas blancas y de las buganvillas que trepan por sus paredes.

Tomando un sosegado café en el establecimiento ubicado en este mirador, se tiene la sensación  de que, desde las alturas, la dolce vitacapriota transcurre lentamente. Y esta sensación se confirma si a continuación emprendes un pequeño paseo de 15 minutos para llegar a Marina Piccola, en Anacapri, la parte más occidental de la isla, que poco tiene que ver con el bullicio de Marina Grande. Acá te esperan lugares tranquilos y hermosos: Casa Rossa,  el Museo de Ignazio Cero o  el frondoso jardín de Villa San Michelle, residencia –y hoy museo– del médico y escritor sueco Axel Munthe que, como tantos otros, eligió pasar su vida en Capri, tan lejos de su Malmoe natal..

La misteriosa Gruta Azul

Capri tiene numerosas grutas alrededor de su entorno costero. Pero ninguna tan intrigante y misteriosa como la Gruta Azul. Su visita se incluye siempre en todos los programas para turistas. Es un lugar que inspiró a escritores, filósofos y poetas que, cada uno en su estilo, trató de describir los efectos mágicos de su luz. Como ejemplo, sirva la ampulosa y romántica definición que de  éstos hizo Christian Andersen: “Cerca de la superficie del agua, no muy lejos de mí, vi una estrella azul que proyectaba un largo rayo de luz, tan puro como el éter, sobre la superficie del agua”.

La Gruta Azul tiene una abertura en parte sumergida en el mar, desde la cual filtra la luz exterior creando, efectivamente, un intenso color azul, razón por la que se bautizó así la gruta. Hace siglos nadie se atrevía a entrar en ella.  Antiguas leyendas transmitían la idea de que la cueva estaba habitada por espíritus y demonios o era un refugio de brujas. Algunos exploradores de la época osaron internarse en varios de sus túneles, pero salieron despavoridos. Eso es lo que cuenta el escritor Giuseppe Pagano, aunque lo cierto es que dichos túneles no se pueden recorrer debido a las condiciones insoportables del aire. Con todo, según antiguos historiadores, la gruta era la piscina del emperador Tiberio. En cualquier caso, un lugar que no hay que dejar de visitar…

Como tampoco hay que olvidar llevarse alguna botella de limoncello o fragancias artesanas que huelen a naranja, limón y romero, como inevitable recuerdo cuando abandones  Capri, si es que no puedes ¡quedarte a vivir allí para siempre!

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