El tesoro de Atahualpa

Atahualpa

El general Rumiñahui se despertó sobresaltado. Hacía varios días que no podía conciliar el sueño. Los dioses blancos atravesaban territorio incaico causando muerte y destrucción a su paso. Él había recomendado a su hermanastro y mandatario supremo, Atahualpa, que no acudiese al requerimiento del jefe de los blancos- Pizarro quien solicitaba una entrevista con el caudillo incaico para, según él, establecer contactos pacíficos y ofrecerle su amistad. Rumiñahui no se fiaba.

Atahualpa se encontraba cerca de Cajamarca, en un lugar donde tomaba las aguas termales tan beneficiosas para su organismo. Cuando uno de sus cortesanos le hizo legar la invitación de Pizarro el caudillo recordó las palabras de su hermanastro: “no vayas, pero si vas prepara una emboscada y véncelos por sorpresa con tus armas y tus guerreros que son muchos más que los blancos”.  El Inca, conocedor de la enorme desproporción de fuerzas- los españoles contaban con 168 soldados mas sus aliados indígenas, en cambio las huestes incaicas sumaban más de 10.000 hombres, inició su marcha hacia Cajamarca con un carácter festivo (muchosbailarines, músicos, cortesanos adornados con atuendos de oro y plata). Atahualpa quería dejar constancia de su grandeza, magnificencia y poder.

Era el 16 de noviembre de 1532. El real cortejo avanzaba lentamente pues la idea del tiempo se concebía de muy distinta manera a la estimada por los españoles.

Por fin llegó el esperado momento. El séquito del Inca con grandes pompas y alardes entro en la plaza de Cajamarca sin más precauciones que su superioridad numérica. Pizarro, en cambio, salió a la plaza a recibir a su invitado, pero situó a Pedro de Candía y sus tiradores en los enclaves más altos del lugar desde donde dominaban la situación. Hernando Pizarro y los capitanes Belalcázar, Soto y Mena, con sus armas y caballería se apostaron ocultos en lugares estratégicos.

El fraile dominico Vicente de Valverde acompañado del traductor Felipillo, se acerca al emperador seguido de Pizarro y algunos de sus capitanes, llevando una cruz en las manos y una biblia de tapas negras que entrega al Inca explicándole que su misión es trasmitir las enseñanzas cristianas y ofreciendo paz y amor. Atahualpa toma el libro y se lo acerca a la oreja para ver si suena como una caracola o emite algún sonido especial. Al comprobar que es algo silencioso, sin ningún atractivo, lo considera inservible y lo arroja al suelo.” La Biblia por los suelos” …Tras un intercambio de frases alteradas las ballestas de los hombres de Candía surcan el aire, los arcabuces truenan y las espadas, lanzas y la caballería entran en acción. Las mazas de piedra, bronce o madera nada pudieron frente a la avanzada tecnología armamentística.

Atahualpa es hecho prisionero y encerrado en una habitación donde debía permanecer hasta que se obtuviera el rescate solicitado: oro y plata que llenase la habitación donde se encontraba el preso hasta alcanzar una determinada altura.

La consigna se extendió por todo el imperio. Los invasores querían oro. Los generales Calcuchimac, Quisquis, y Rumiñahui se pusieron en marcha hacia Cajamarca recolectando esos metales que para ellos no tenían mas que un valor ceremonial hacia el supremo dios Inti, de culto en sus centros sagrados y como ornamento principalmente de las clases nobles.

Desde los confines de los cuatro suyus llegaba el preciado metal: llamas labradas en oro, máscaras funerarias para las momias, discos y figurillas de oro macizo, collares, rodelas de plumas con adornos de oro, peines, orejeras, alfileres, finas láminas de oro que utilizaban los nobles en sus atuendos, gruesas planchas de oro para revestimiento de muros, vasos ceremoniales, y otras muchas piezas de plata y oro que recabaron de templos, hogares y pertenencias de la nobleza.

A pesar de que los españoles empezaban a recibir parte del rescate, comprendieron que el caudillo Inca representaba un peligro pues corríanrumores de que sus generales estaban preparando su liberación, motivo por el cual Pizarro decretó su muerte en la hoguera. Ser quemado vivo era para los incas la muerte más terrible pues al desaparecer el cuerpo se le negaba su entrada en el mundo de ultratumba, así que aceptó bautizarse y murió bajo la pena de garrote vil.

Con él moría una de las civilizaciones más deslumbrantes y enigmáticas de la historia. El Sol de los Incas se oscurecía para siempre en las montañas de los Andes dejando a oscuras los corazones de sus súbditos que nunca comprendieron el triste fin de una época.

Al enterarse Rumiñahui, que iba en camino con sus inmensos tesoros, de la muerte de su jefe, dio marcha atrás y para que los españoles no siguieran sus huellas se dirigió a los Llanganates para esconder el oro. Llanganates en lengua quechua significa cerro hermoso y es un lugar casi inaccesible, de una belleza singular en las alturas andinas (su cumbre más alta tiene 4.571 m sobre el nivel del mar), intrincados senderos, poderosos ríos de aguas turbulentas, mas de 300 lagos y lagunas infinidad de especies vegetales y florícolas autóctonas entre las que se encuentran el pumamaqui, el arrayán el yagual el licopodio etc. La parte oriental del parque ofrece unanaturaleza salvaje con características de recursos naturales similares a losde la región amazónica. Este es uno de los motivos por el que muchos estudiosos situaron el tesoro de Atahualpa en la selva amazónica.

Una de las leyendas narra que en la época colonial un español, de nombre Valverde, se casó con la hija de un cacique que conocía el enclave del codiciado tesoro. Lo cierto es que el español se convirtió de la noche a la mañana en un hombre de inmensa fortuna. Desde entonces no han cesado, a lo largo de los siglos, las expediciones principalmente de europeos y norteamericanos en busca del preciado botín, aunque ninguna ha resultado fructífera si bien se han gastado fortunas -e incluso muertes- en el empeño.

El pueblo incaico sueña desde las cumbres con el día en que la Pachamama -la madre tierra- les revele el secreto de su ubicación para que la gran nación andina recupere su orgullo y su poder.

Mientras tanto, el tesoro de Atahualpa duerme en algún lugar misterioso de los Llanganates, oculto y silencioso.