PARQUE NACIONAL DEL TEIDE

Los Guanches llamaban al Teide "Echeyde", que significaba "morada de Guayota, el Maligno". Según la tradición, Guayota secuestró al dios del Sol, Magec, y lo llevó consigo al interior del Teide. Entonces, la obscuridad se apoderó de la isla y los guanches pidieron ayuda a Achamán, su ser supremo celeste. El dios consiguió derrotar al Maligno, sacar al Sol de su cautiverio y taponar la boca de Echeyde. Dicen que el tapón que puso Achamán es el llamado Pan de Azúcar, el último cono que corona el Teide. Parece que la leyenda guanche coincide en el tiempo con la que fuera la última gran erupción en el mismo pico del Teide.

El  Teide y Las Cañadas constituyen un monumento de la Historia de la Tierra y de la Naturaleza, pero también un monumento de la Historia Humana. A lo largo de más de dos mil años dos tradiciones culturales esenciales ejercen su influencia en la creación de este paisaje; por un lado la corriente protohistórica norteafricana, vinculada con los primeros poblados de la Isla, los guanches y, por otra parte, la corriente cultural europea, que se inicia en la época bajomedieval y renacentista y llega hasta la actualidad.

El volcán de Las Cañadas y el Parque Nacional del Teide reciben a millones de visitantes cada año que acuden allí a observar la caldera y a ascender hasta el Pico. Los visitantes acuden atraídos por la peculiaridad de los paisajes, por la curiosidad de observar un volcán activo y por la majestuosidad y colorida belleza. El Teide tiene motivos justificados para proclamarse el destino geoturístico más visitado de todos los parajes volcánicos del mundo. Además, en el Parque Nacional se refuerza el alto valor del geoturismo mediante programas de formación e interpretación tan buenos, si no mejores, que los proporcionados en otros lugares volcánicos.

El tránsito por el Parque implica el respeto por la paz y conservación de este paraje. En alta montaña cualquier esfuerzo físico es agotador, por lo que deberá dosificar sus energías para no cansarse antes de tiempo. Utilice ropa y calzado adecuados. Extreme las precauciones en invierno, especialmente si ha nevado. No olvide que la radiación solar es muy fuerte y puede provocar graves quemaduras. Preste atención a la señalización e indicaciones.

EL Teide

Tenerife es la isla de mayor superficie y altitud  del Archipiélago Canario, estando situado en su cacumen el Parque Nacional del Teide, suspendido por encima del mar de nubes. El Parque se desarrolla entre los 1.650 metros de cota mínima y los 3.718 metros del Teide, el pico más alto del Estado español. Está conformado por una gigantesca caldera volcánica situada a una altitud media de unos 2.100 m, dentro de la que se yergue un impresionante estratovolcán, el Teide-Pico Viejo, rodeado por distintas tipologías de estructuras y materiales volcánicos. Los ecosistemas más representativos asentados en este territorio responden a matorrales de alta montaña, que atesoran una biota rica en endemismos adaptados al rigor de las condiciones de alta montaña. Todo ello bajo un escenario estético impresionante, realzado por la excepcional calidad de la atmósfera.

Los valores naturales, culturales y de conservación hacen del Parque Nacional uno de los parajes sobresalientes de la tierra, como ha sido reconocido secularmente por la ciencia a través de sus más destacados geógrafos, geólogos y biólogos. El Teide posee un valor excepcional a la escala del Planeta como complejo geográfico completo de marcada entidad, y también por su elevada peculiaridad y geodiversidad, derivadas de su emplazamiento en altitud, latitud e insularidad. De este modo, responde a los más exigentes criterios de valoración en los aspectos geológicos, fisiográficos, biológicos, estéticos y conservacionistas, tanto por el sistema natural que contiene como por el paisaje geográfico en el que se formaliza. Pocas construcciones

volcánicas de la Tierra, incluso aquellas que tienen la entidad física del Teide, poseen por un lado, tan definida calidad como conjunto armónico de paisajes, tal estructuración geológica y tan evidente integración biológica.

Los valores naturales, culturales y de conservación hacen del Parque Nacional uno de los parajes sobresalientes de la tierra, como ha sido reconocido secularmente por la ciencia a través de sus más destacados geógrafos, geólogos y biólogos. El Teide posee un valor excepcional a la escala del Planeta como complejo geográfico completo de marcada entidad, y también por su elevada peculiaridad y geodiversidad, derivadas de su emplazamiento en altitud, latitud e insularidad. De este modo, responde a los más exigentes criterios de valoración en los aspectos geológicos, fisiográficos, biológicos, estéticos y conservacionistas, tanto por el sistema natural que contiene como por el paisaje geográfico en el que se formaliza. Pocas construcciones volcánicas de la Tierra, incluso aquellas que tienen la entidad física del Teide, poseen por un lado, tan definida calidad como conjunto armónico de paisajes, tal estructuración geológica y tan evidente integración biológica.

Geología

El Parque Nacional del Teide se configura, esencialmente, a partir de elementos geográficos de rasgos morfológicos y geológicos muy definidos. Indudablemente, el elemento geográfico dominante es el estratovolcán Teide-Pico Viejo, que formado en el Pleistoceno, permanece activo en la actualidad. Este hecho se constata en la alta actividad de fumarolas existente en las zonas próximas al cráter y en la existencia de erupciones recientes de unos centenares de años desde sus laderas y desde su propio cráter central.

El estratovolcán se sitúa en el centro de una gran depresión, la Caldera de Las Cañadas, que está limitada al norte, este, sur y parte de la zona oeste por una pared de abruptos escarpes de hasta 650 metros de desnivel, que muestran a lo largo de 25 kilómetros y a través de sus diferentes estratos, la historia geológica de la zona. Entre la base del estratovolcán y el pie de la pared existe un extenso campo de lavas y piroclastos recientes, procedentes del Teide-Pico Viejo y sus conos adventicios, así como de otros centros de emisión existentes en el interior de la mencionada Caldera. Este conjunto se completa con las llanuras endorreicas de materiales volcanosedimentarios existentes a lo largo de la base de la pared de la caldera.

Asimismo, alberga muestras espectaculares de vulcanismo reciente, de fecha histórica, asociado a la emisión de magmas basálticos, como lo muestra la existencia del Volcán de Fasnia, cuya actividad acaeció en 1705 y la erupción de las Narices del Teide, ocurrida en 1798, cuyas lavas cubren una superficie de unos 4,5 km2 dentro de sus límites. El Parque Nacional resulta un enclave paradigmático en el campo de la geología y la volcanología, tanto por su génesis e historia como por la gran variedad de materiales volcánicos presentes, lo que permite admirar y conocer en detalle un amplio abanico de procesos y estructuras, dentro de un espacio abigarrado y claramente delimitado. Este conjunto volcánico por su contenido, grado de conservación, y excelente exposición es único en el Mundo y constituye una referencia obligada tanto para los estudiosos de la volcanología como para todas aquellas personas interesadas en este tipo de procesos naturales.

Clima

Tenerife, única isla macaronésica con elevado porcentaje de superficie por encima de los 2.000 metros, la inversión térmica y la orografía insular aíslan la zona de las influencias marinas, proporcionando unos parámetros climáticos ajenos a su corresponsabilidad con el resto de la Isla y del Archipiélago, siendo más propios de territorios continentales. Así, la altitud determina el riguroso sistema climático de Las Cañadas que afecta de forma decisiva tanto al medio físico como al natural. La extensión del Parque Nacional del Teide abarca prácticamente la totalidad de este dominio climático, en el que se distingue una fuerte oscilación térmica, tanto diaria, con variaciones de más de 15 grados, como interanual, con mínimos por debajo de los 15 grados bajo cero en invierno o máximos estivales sobre los 30 grados. Por su parte, el régimen de precipitaciones está por debajo de los 500 l/m2, registrándose más del 50% en la estación invernal, de las que un tercio son en forma de nieve. No obstante, el área central de Tenerife, ocupada por la depresión de Las Cañadas, constituye uno de los principales reservorios acuíferos de la Isla.

La insolación es también muy elevada; la mayor de España, con 3.448,5 horas de sol como media anual, lo que junto a la baja humedad y bajas presiones en altura posibilitan una atmósfera extraordinariamente límpida, que ha favorecido las observaciones astronómicas. Los vientos dominantes son los de componente noroeste, los alisios de altura o contralisios. Con menor frecuencia se dan vientos de componente oeste asociados a borrascas atlánticas, que pueden alcanzar velocidades en torno a los 200 km/h. Los vientos del sur están ligados a las invasiones de aire sahariano. Los rigores climáticos que afectan a la alta montaña posibilita procesos morfogenéticos excepcionales en medios oceánicos cercanos al trópico. La presencia de formas periglaciales activas se evidencian en procesos de gelifracción, en coladas solifluidales, suelos poligonales, guirnaldas nivales, o los coloquialmente llamados “caminos de cabras”, falsas sendas debidas a procesos mecánicos asociados al hielo y deshielo.

Flora

La biota presente en el Parque Nacional del Teide es el resultado de un proceso evolutivo particular. La radiación adaptativa y el aislamiento inducido por la insularidad han propiciado la proliferación de multitud de especies vegetales que con el paso del tiempo han adquirido adaptaciones específicas a unas condiciones ambientales de extrema dureza. Todo esto se traduce en un fenómeno poco habitual conocido como “doble insularidad”, pues al carácter de isla oceánica que tiene Tenerife, se añade un acusado aislamiento ecológico propiciado por las condiciones ambientales en especial del clima y de la escasa madurez geológica, lo que ha propiciado la instalación en las cumbres de Tenerife de una flora especialmente rica, que a priori contrasta con la aparente aridez del territorio. Este fenómeno se manifiesta tanto a niveles faunísticos como florísticos. A modo de ejemplo especies vegetales como Adenocarpus viscosus, Argynanthemum teneriffae, Echium wildpretti, Echium auberianum, etc. Sólo medran en este territorio, mientras que a escasos kilómetros en el exterior del ámbito del Parque y de la zona de cumbres se desarrollan taxones cogenéricos como Argynantemum frutescens, Adenocarpus foliosus, Echium virescens, etc. En otros casos la colonización no ha procedido de cotas inferiores de la isla de Tenerife, sino de otras áreas montañosas extrainsulares, posiblemente continentales como lo atestiguan endemismos exclusivos como Stemmacantha cynaroides, único representante canario del género, que tiene sus parientes más próximos en las montañas del Atlas, en el continente africano.

De esta forma, la diversidad en especies vegetales del Parque Nacional llama la atención por su riqueza y singularidad, albergando abundantes endemismos de carácter insular, regional y local.

El Parque Nacional del Teide es un exponente bien conservado de alta singularidad fitogenética a escala mundial.

De esta forma, el Parque Nacional del Teide se convierte en una de las mejores muestras a nivel mundial de cómo las fuerzas evolutivas han incidido sobre la flora y fauna de la alta montaña oceánica, resultando fácilmente comprensibles la alta diversidad y elevada tasa de endemicidad existentes, difícilmente superables en la alta montaña continental. Asimismo, el Parque Nacional constituye sin duda el exponente más diverso y probablemente mejor conservado de los ecosistemas atlánticos de alta montaña insular.

La flora vascular del Parque Nacional del Teide se compone de 220 taxones, de los cuales 73 son endemismos del Archipiélago Canario y 33 son endemismos tinerfeños, lo que significa un nivel de endemicidad en torno al 50%. Además, conviene señalar que 16 taxones son exclusivos del Parque. Como elementos endémicos más característicos se pueden citar la retama del Teide (Spartocytisus supranubius), el codeso (Adenocarpus viscosus), la hierba pajonera (Descurainia bourgeauana), la violeta del Teide (Viola cheiranthifolia) y el rosalillo de cumbre (Pterocephalus lasiospermus).

Por otra parte, especies como Helianthemum juliae (Cistaceae), Gnaphalium teydeum (Asteraceae) o Stemmacantha cynaroides (Asteraceae), relegadas exclusivamente al Parque, albergan unos efectivos que apenas superan los doscientos ejemplares. Otras como Bencomia exstipulata (Rosaceae), cuentan con apenas 60 ejemplares, los cuales suponen casi el 75% de los efectivos naturales de este taxón endémico de las cumbres de Tenerife y La Palma.

La flora no vascular está presente en diversidad de ambientes. Así, briófitos y hepáticas suelen presentar un marcado carácter local, estando generalmente asociados con ambientes húmedos como nacientes, fumarolas, etc. Hasta el momento, se han contabilizado 74 especies de musgos y 8 hepáticas. Por su parte, los líquenes presentan una distribución más extensa, de tal manera que suelen constituir el único tapiz vegetal que cubre las coladas recientes del Parque.

Fauna

En cuanto a la fauna vertebrada se citan para el Parque tres especies endémicas de reptiles: un lagarto (Gallotia galloti galloti), una salamanquesa (Tarentola delalandii) y un eslizón (Chalcides viridanus viridanus). Se ha constatado la presencia de una veintena de especies de aves, destacando por su carácter endémico el pinzón azul (Fringilla teydea teydea), auténtico símbolo de la avifauna del Parque, el herrerillo (Parus caeruleus teneriffae) y el picapinos (Dendrocopos major canariensis). Existen cinco especies de murciélagos, cifra relativamente alta para un territorio tan pequeño, lo que no es de extrañar dada la gran riqueza en invertebrados que le sirve de alimento.

Con respecto a la fauna invertebrada, una parte de la misma vive en coladas lávicas prácticamente estériles, que constituyen el hábitat idóneo para muchas especies de invertebrados cuya única fuente de alimento es la materia orgánica transportada por el viento. La mayor parte de estos elementos lavícolas son insectos carnívoros o saprófagos de hábitos nocturnos. La especie más singular de este hábitat es la tijereta Anataelia canariensis. Uno de los hábitat más llamativos está constituido por la red de grietas y pequeñas cuevas, donde las particulares condiciones ambientales reinantes han posibilitado el desarrollo de adaptaciones evolutivas muy acusadas. Uno de los casos más extremos lo constituye el escarabajo endémico Domene vulcanica, que aparte de una acusada despigmentación presenta un cuerpo y apéndices más estilizados que sus congéneres. Los grupos mejor representados son coleópteros, hemípteros, dípteros, himenópteros y arácnidos con 195, 167, 163, 105 y 102 taxones, respectivamente. En todos ellos se observan niveles de endemicidad extraordinarios, que superan el 40%, existiendo 70 especies exclusivas del Parque Nacional.

El Paisaje

Desde de el punto de vista ecológico, el Parque Nacional posee una biodiversidad excepcional, como pueden atestiguar el hecho de concentrar en tan escaso espacio una flora y una fauna caracterizadas por su altísimo nivel de endemicidad (cerca de cincuenta especies de plantas vasculares que tienen en el Parque sus únicas o sus mayores poblaciones en el Planeta y una importantísima biodiversidad faunística, especialmente en animales invertebrados). Esta elevada endemicidad de su biota es propiciada por una situación excepcional en la que confluyen dos fenómenos de insularidad: la propia de una isla oceánica y por tratarse de una isla ecológica en altitud (el Pico del Teide es el punto culminante del Océano Atlántico, y tras Hawaii, la isla volcánica más alta del mundo).

A escala mundial, es uno de los pocos lugares volcánicos insulares en el mundo que presenta ecosistemas zonales por encima del límite altitudinal del crecimiento arbóreo (timberline), dando lugar a dos ecosistemas únicos que son el retamar de cumbre y el ecosistema del Pico. Además, posee un desnivel superior a los 2.000 m, lo que permite definir el gradiente altitudinal mejor estructurado del Archipiélago y, con seguridad, junto con los hawaianos, uno de los mejor definidos del mundo.

Desde el punto de vista biogeográfico, el matorral de alta montaña tinerfeño, aunque compuesto por especies totalmente diferentes, se asemeja en cierta medida a los matorrales montanos presentes en las cordilleras de orogenia alpina de altitudes comparables del sur de la Península Ibérica y del norte de África.

El renombre adquirido por el Teide a lo largo de siglos procede de su elevada silueta vista desde el mar, asomada por encima de las nubes del alisio. Sobre el Archipiélago, el Teide suma a su originalidad geográfica general en el océano su originalidad regional canaria y a ésta la de sus recintos, sus formas propias enlazadas entre sí a diversas escalas. Las formas del paisaje son reveladoras de unidades a distintas escalas, de procesos de distintas épocas, de diferentes relieves construidos y modelados con modalidades congruentes entre sí y con el sistema geográfico de conjunto Teide-Cañadas, que crean amplios sectores compuestos por múltiples albergues diferenciados donde se emparentan y diferencian a la vez sus singulares paisajes vegetales.

De este modo, tal observador aprecia al mismo tiempo, primero la armonía y la belleza del conjunto en el volumen cónico del estratovolcán, destacado 1.700 m de desnivel sobre el rellano o atrio de Las Cañadas. Segundo, tal atrio, Las Cañadas propiamente dichas, con planta en forma de luna creciente, en buena parte alrededor de los 2.000 m de altitud, configurado hoy por el relleno de un fondo de caldera volcánica de amplias dimensiones por la suma de una red de bocas volcánicas menores, de coladas del Teide y de Pico Viejo y de sus domos periféricos, con diversidad de lavas desde cordadas con flujos suaves a derrames viscosos de bloques de obsidiana, y de llanos de finos depósitos torrenciales y lacustres atrapados sin salida e intercalados entre tales lavas. Tercero, por un espigón de agujas rocosas ruiniformes que cruza y divide en dos tal atrio, denominado “Los Roques de García”.

Cuarto, cerrando el conjunto al sur, el resto marcadamente lineal y suavemente arquedado del edificio volcánico precedente al Teide y afectado por la mencionada Caldera de Las Cañadas, que llega a pasar de los 2.700 m de altitud en su cumbre mayor; edificio disimétrico que muestra hacia el norte un acentuado escarpe, tapizado parcialmente por derrubios abundantes, y hacia el sur un pronunciado declive en rampa hacia las altitudes de medianías e incluso hacia el próximo litoral. Éstos son los escenarios en los que se integran a su vez formas medias y menores como coladas, lomos, conos, cráteres, campos de volcanes, domos, fisuras, muros, taludes, llanos, bloques, agujas, tubos, jameos, canales, malpaíses y lajiales, todos ellos en relieves rotundos.

En los paisajes del Teide, predominan coloraciones fuertes y nítidas bajo la luz cenital, grises, negros, blancos, rojos, pardos, ocres, a veces azules y sus mezclas, más los verdes vivos de las retamas, los apagados de los codesos, los intensos de las margaritas, los amarillos de las hierbas pajoneras. Los rotundos colores del paisaje revelan, en realidad, las pautas de una naturaleza

poderosa y característica. El paisaje evoluciona en el tiempo, tiene dinámicas. Para empezar, eruptivas. Una visita a la cumbre del Teide con sus fumarolas o a un cráter domático con sus lavas estriadas por el roce del flujo viscoso, o a Las Narices del Teide que muestran la fuerza de una eruptividad reciente, o una observación en las coladas negras o en el campo de volcanes

suroccidental, permiten ver conos y lavas que parecen haberse detenido en su erupción hace no mucho tiempo, con la apariencia de un dinamismo bruscamente interrumpido constituyendo las formas actuales. En segundo lugar, hay un dinamismo en el modelado erosivo de las formas, perceptible en el torrente de la Corbata del Teide o en el talud de derrubios de la pared de Las

Cañadas, indicadores de etapas climáticas diferentes tras la apertura de la Caldera y la edificación del estratovolcán.

Los repartos de su peculiar vegetación de altitud, influida por el suelo pedregoso, la distinta humedad de los lugares, el clima en pisos y en umbrías y solanas de la montaña, los antiguos pastoreos y las erupciones más recientes, expresan grados elevados de armonía natural con ese sustrato y una vivacidad que contradice las impresiones superficiales de esterilidad en un medio

rocoso, frío y árido. Además, en el paso del año, el paisaje del Teide muestra una variación fenológica llena de contraste que muestra unos caracteres especialmente marcados y resalta en un entorno definido precisamente por la atenuada estacionalidad. Los aprovechamientos de los recursos naturales que se han mantenido en el transcurso del tiempo son los relacionados con el agua, la apicultura, la extracción de tierras de colores y recogida de flores, así como los de leña y cisco seco de retama, estando regulada su realización.