domingo. 19.07.2026
Grandes destinos · Costa del Sol

Marbella, el espejo del lujo que reinventa España

Del glamour de los años ochenta al modelo de destino gastronómico-cultural de nueva generación: cómo la «ciudad del sol» lidera la transformación del turismo de alto standing en Europa.
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Puerto Banús

Hay ciudades que acumulan historia, y hay ciudades que acumulan deseo. Marbella pertenece a esta segunda categoría con una rotundidad que pocas urbes del litoral europeo pueden invocar. Desde que el príncipe Alfonso de Hohenlohe posara los ojos en aquella aldea pesquera malagueña a comienzos de los años cincuenta y decidiera convertirla en el refugio predilecto de la jet set internacional, la ciudad ha navegado entre el mito y la realidad con una elegancia tan natural como el propio Mediterráneo que la abraza.

En el programa El Remate de La Diez Capital Radio, el analista político y económico Lorenzo Soriano tomó Marbella como punto de partida para reflexionar sobre algo más profundo que el turismo de lujo: la capacidad de España para generar ecosistemas de excelencia capaces de competir con cualquier destino del planeta. Su análisis, certero y sin artificios, diseccionó a los nuevos protagonistas de la marbellí renacida, los hermanos Shamoun, herederos del legado hostelero de su padre Daniel, que falleció recientemente y dejó en sus manos dos de los establecimientos más emblemáticos de la Costa del Sol.

«Los hijos de Daniel Shamoun han conseguido crear un núcleo que hace palidecer a cualquier centro turístico-gastronómico de Europa. Es una idea que nosotros deberíamos intentar imponer.»

— LORENZO SORIANO, EL REMATE · LA DIEZ CAPITAL RADIO, 1-IV-2026

Los Shamoun: una familia, dos iconos

El Hotel Marbella Club y el Puente Romano Resort no son meros hoteles. Son instituciones que condensan décadas de historia social, política y económica de la España contemporánea. Y hoy, según señaló Soriano, se encuentran en manos de una familia de origen judío-iraquí que ha sabido preservar su esencia mientras los proyecta hacia el futuro con una visión empresarial poco común en el sector de la hospitalidad de lujo nacional.

El complejo Puente Romano, diseñado por el arquitecto boliviano afincado en España Melvin Villarroel Roldán —el mismo artífice del Jardín Tropical de Tenerife—, es hoy un microcosmos de doce restaurantes que funciona como un destino gastronómico autónomo dentro de la ciudad. Una propuesta que va mucho más allá de la habitación de hotel: es una declaración de principios sobre cómo debería entenderse el ocio de calidad en el siglo XXI.

«Hay doce restaurantes en el entorno de Puente Romano», subrayó Soriano durante la emisión, y no sin una mezcla de admiración y cierta melancólica exigencia: esa forma tan suya de reconocer lo que funciona mientras lanza el guante a quienes podrían replicarlo. Porque en el fondo, el análisis del periodista no es una crónica de viaje. Es una interpelación directa al sector turístico español para que entienda que el modelo marbellí es exportable, replicable y urgente.

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Arquitectura del deseo: el legado de Villarroel Roldán

No puede entenderse el Marbella de hoy sin detenerse en la arquitectura que lo vertebra. Cuando Jesús Polanco, el legendario fundador del Grupo PRISA, encargó la construcción del Puente Romano, eligió a un hombre que tenía un lenguaje propio: madera noble, vegetación desbordante, espacios que dialogan con el entorno mediterráneo sin imponerse a él. El resultado fue un complejo que ha envejecido mejor que casi cualquier gran hotel de España, porque fue concebido no como un edificio sino como un paisaje habitable.

Esa herencia arquitectónica es hoy uno de los activos más valiosos que gestionan los hermanos Shamoun. Y parece que han comprendido que su principal obligación no es modernizar aquello que el tiempo ha vuelto clásico, sino ampliar el ecosistema de experiencias que orbita en torno a esa infraestructura única. Doce restaurantes son la prueba más visible de esa estrategia.

Marbella como modelo, no como excepción

Lo más relevante del análisis de Soriano no fue la descripción del fenómeno marbellí, sino la pregunta implícita que lo atravesó de principio a fin: ¿por qué no hay más Marbellas en España? El país tiene costas, tiene gastronomía, tiene arquitectura singular, tiene sol. Lo que a menudo le falta es la visión para articular todos esos elementos en un producto de destino coherente, aspiracional y sostenible.

Marbella lo logró en los años cincuenta casi por accidente —porque un aristócrata europeo tuvo el capricho de construir su paraíso personal en una playa andaluza— y ha sabido mantener esa aura, a pesar de los vaivenes políticos, los escándalos urbanísticos y las crisis económicas, porque hay una industria local que comprende el valor de lo que tiene entre manos. Los Shamoun, con su inversión decidida en hospitalidad de excelencia, son la última expresión de esa conciencia.

«Málaga ha dado un cambio. Y Marbella, dentro de ese cambio, sigue marcando el paso con una idea clara: el lujo no es ostentación, es experiencia.»

— LORENZO SORIANO, EL REMATE · LA DIEZ CAPITAL RADIO

El contexto malagueño: una región que despierta

Soriano situó su reflexión sobre Marbella en el marco más amplio de la transformación de toda la provincia de Málaga, a la que ya había dedicado varios análisis anteriores. Málaga capital ha experimentado en la última década una metamorfosis que la ha convertido en referencia cultural, tecnológica y gastronómica a escala europea. Marbella, por su parte, ha mantenido su identidad de gran destino de lujo mientras se beneficia del efecto arrastre de esa nueva narrativa provincial.

La Costa del Sol ya no es solo sol. Es también una oferta cultural de primer nivel, una escena gastronómica que rivaliza con las grandes capitales, y un ecosistema empresarial emergente que atrae talento internacional. En ese contexto, la Marbella de los Shamoun no es una reliquia del pasado dorado, sino un faro que señala adónde puede llegar España cuando apuesta con inteligencia por sus activos diferenciales.

Una ciudad que siempre supo que era especial

Al final de su intervención, Soriano dejó en el aire una frase que merece ser subrayada: «Es una idea que nosotros deberíamos intentar imponer». No hablaba de copiar el modelo Puente Romano. Hablaba de entender que la excelencia no es un accidente de la geografía ni del capital, sino una decisión que se toma, se mantiene y se defiende generación tras generación. Marbella lleva setenta años tomando esa decisión. Y el resultado está a la vista: una ciudad que, incluso bajo la calima del desierto que llegó estos días desde el Sáhara, sigue brillando con luz propia.

Marbella, el espejo del lujo que reinventa España
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