El acto fue abierto por el presidente del CIT, Antonio García Fleytas, quien explicó con cercanía y entusiasmo el espíritu que motivó la creación de este festival: acercar la música lírica de calidad al ciudadano de la comarca y poner en valor el talento de artistas con raíces profundas en esta parte de Tenerife. A continuación tomó la palabra el alcalde, Javier Sierra Jorge, para declarar oficialmente inaugurado el festival y subrayar la importancia de este tipo de iniciativas para la vida cultural del municipio y para la proyección de Icod de los Vinos como ciudad de cultura.
Y entonces comenzó la magia. Durante casi dos horas, un público entregado y emocionado disfrutó de un concierto apoteósico que recorrió con generosidad y criterio lo mejor de la zarzuela española, la canción de concierto italiana y las grandes arias del repertorio operístico universal. Veintidós obras en total que conformaron un programa de una riqueza y variedad extraordinarias, bajo la dirección de Imobac Gutiérezz, al piano el maestro Romeo Mologni Gritti y con la presentación y coordinación de Miguel Ángel González Suárez.
La velada arrancó con Todas las mañanitas, del compositor valenciano Manuel Penella, interpretada en conjunto por todos los artistas, un arranque festivo y cálido que ya marcó el tono de lo que estaba por venir. Desde ahí el programa desplegó un viaje fascinante por la música de los siglos XIX y XX. El napolitano Stefano Donaudy abrió el capítulo de la canción italiana de concierto con su delicada O del mio amato ben, y Francesco Paolo Tosti, otro de los grandes maestros del género, estuvo ampliamente representado con Non t'amo piú, Sogno, L'alba separa y A Vuchella, cuatro joyas del repertorio camerístico que mostraron la versatilidad y la sensibilidad de los intérpretes.
La zarzuela española ocupó también un lugar central y muy aplaudido en el programa. Manuel Fernández Caballero, uno de los compositores más populares del género chico, estuvo presente con la brillante Canción andaluza y con Yo quiero un hombre, dos piezas llenas de gracia y color. Jacinto Guerrero aportó el romanticismo encendido de Mujer de los negros ojos, y Pablo Sorozabal, figura cumbre de la zarzuela del siglo XX, hizo doblete con En un país de fábula y Despierta negro, dos títulos que entusiasmaron al público. Moreno Torroba, otro nombre imprescindible de la lírica española, ofreció uno de los momentos más emotivos de la noche con el dúo Cállate corazón. El programa incorporó también páginas menos frecuentes pero de enorme belleza: Después que te conocí del catalán Eduard Toldrá, con esa mezcla única de melancolía y lirismo, y Del cabello más sutil del mexicano Fernando Obradors, una canción de concierto de sutileza extraordinaria.
El repertorio internacional completó una velada de altura máxima. Alberto Ginastera, el gran compositor argentino del siglo XX, estuvo representado con su hermosa Canción del árbol del olvido, obra de una profundidad poética singular. Y la ópera clásica llegó con nombres inmortales: Giuseppe Verdi conmovió al público con Il lacerato spirito, una de las arias de bajo más solemnes y desgarradoras de todo el repertorio, magistralmente interpretada por Alfonso Hernández, y con el célebre dúo Sull'aria... che soave zeffiretto de Las bodas de Fígaro a cargo de las sopranos Noelia Guidi y María Candelaria Hernández. Charles Gounod brilló con Je veux vivre, el vals luminoso y juvenil de Roméo et Juliette, que María Candelaria Hernández bordó con elegancia. Gaetano Donizetti entregó uno de los momentos más esperados con Una furtiva lagrima, la emotiva romanza de tenor de L'elisir d'amore, que Imobac Gutiérrez interpretó con una musicalidad y una entrega que arrancaron una ovación prolongada. Y Wolfgang Amadeus Mozart puso el cierre al capítulo operístico con Der Hölle Rache, el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica, una de las piezas más exigentes del repertorio de soprano, que Elizabeth García abordó con valentía y brillantez técnica.
La noche se cerró como no podía ser de otra manera: con el Brindis de La Traviata de Verdi, ese himno universal a la alegría que reunió a todos los artistas sobre el escenario en una imagen final emocionante, con el público en pie y una ovación que se prolongó durante varios minutos y que resumió a la perfección el espíritu de una noche irrepetible.
Sobre el escenario brillaron artistas vinculados a la Ópera de Tenerife e hijos de esta comarca norteña de la isla: el tenor Imobac Gutiérrez, voz de límpida proyección y gran musicalidad; el tenor Manuel Álvaro, de cálido timbre y sólida presencia escénica; el bajo Alfonso Hernández, dueño de una voz grave y de noble empaque; y las sopranos Noelia Guidi, Elizabeth García y María Candelaria Hernández, tres voces distintas y complementarias que llenaron la sala de luz y emoción. Todos ellos acompañados con exquisita sensibilidad por el maestro Romeo Mologni Gritti al piano, cuya discreta pero fundamental labor resultó clave para el éxito de cada una de las intervenciones.
El éxito rotundo de esta primera edición deja muy claro que la música lírica tiene en Icod de los Vinos un público fiel, una organización comprometida y un escenario digno de los mejores. El CIT de Icod de los Vinos, la Sociedad Centro Icodense y el Ayuntamiento han demostrado que la alta cultura no tiene por qué buscarse lejos: a veces florece, espléndida y generosa, a la sombra del Drago Milenario. Queda la esperanza, y el deseo unánime del público, de que este primer festival no sea el último.
