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18:33h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

A quien visita el Algarve por primera vez no deja de sorprenderle el contraste de sus localidades costeras, de la tradición de pueblos pesqueros que han sabido conservar sus raíces frente a la masificación de alguno de ellos, fruto del desarrollo del turismo de sol y playa.

Buen ejemplo de esto lo encontramos en las localidades de Portimão y Ferragudo, tan sólo separadas por el río Arade, a diez minutos de distancia en Taxi Ferry.

El pueblo de Ferragudo se levanta sobre una colina a plomo sobre el estuario del río Arade, coronado por su Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción que data del siglo XVI y a la que tras el terremoto de 1755 y su posterior reconstrucción sin respetar su construcción original,  se le añadió una Virgen en la fachada.

Desde su mirador, situado frente a la Iglesia, se vislumbra el concurrido e hiperdesarrollado urbanísticamente, Portimão, considerado uno de los principales destinos turísticos de sol y playa del país Luso, con la Praia Da Rocha como abanderada. Portimão se destacó en turismo durante las décadas de 1920 y 1930 a través del desarrollo del turismo de sol y playa y es a partir de esa época que la ciudad de Portimão comenzó a urbanizarse con mayor intensidad, perdiendo poco a poco su rusticidad hasta convertirse en lo que es hoy, lo que técnicamente se denominaría “ciudad turística”.

Frente a la estampa de Portimão tan sorprendente como inesperada, nos encontramos en Ferragudo, un pueblo de calles empinadas y cuidadosamente empedradas cuya vida se centra alrededor de la Plaza de la Reina Doña Leonor.

A media mañana aún nos podemos encontrar con un grupo de pescadores recogiendo sus redes en el muelle, grupos de gente tomando “boliños” en las cafeterías de la Plaza y tener la suerte de comprar  pescado fresco en el pequeño mercado o que el frutero del puesto de frutas y verduras nos regale brotes de orégano o laurel de su propia cosecha obtenida en los campos de la Sierra de Monchique.  

De forma casual  descubro entre las calles una pequeña tienda de antigüedades y cosas viejas, “Casa Papagaio” en la que es un placer curiosear entre plata portuguesa, cristal de Murano, cuadros, maquetas de barcos de madera para restaurar y artículos de lo más variado.  Mayor placer produce conocer a sus dueños que entienden y comparten el arte del regateo para quienes disfrutamos de las compras de objetos tan preciados.

Compra en el mercado, café boliño y visita a Casa Papagaio se convierte casi en un ritual diario que hace que la vida en Ferragudo transcurra apacible, amable y feliz, completándola con una visita obligada a Praia Grande, al Beach Bar “Escondidinho” donde cocinan la mejores sardinas a la brasa de la zona, con atardeceres de naranjas, rojos y morados reflejándose en la ría.

Como en prácticamente todas las localidades costeras del Algarve, el día 15 se celebra el día de la Patrona o Patrón, en Ferragudo el día de la Virgen de la Concepción, que fue llevada en procesión hasta el puerto, bendijo los barcos que acudieron a rendirle homenaje y de nuevo llevada en procesión en un  barco de pescadores hasta el viejo puerto de Portimão.

Como celebración final, el Ayuntamiento ofreció un concierto de Fados a cargo de los hermanos Viola, espectáculo que contó con un público entregadísimo y unos turistas como nosotros apenados por no entender la letra de las desgarradoras canciones.

No se puede abandonar Ferragudo sin visitar las famosas cuevas de la costa, de Ferragudo a  Playa de Benagil  cuya gruta, el Algar de Benagil es ya estampa de postales, guías turísticas y símbolo indiscutible del Algarve. No hay una cueva igual a otra, pero todas espectaculares. La visita en embarcación ligera permite adentrase en las cuevas, admirar su belleza así como ya  una vez en mar abierto el esplendor del relieve del Algarve.