Puerto de la Cruz, cerrado por reformas

   Algunos empresarios y dirigentes sociales, me llevan pidiendo, desde hace algún tiempo, que publique un análisis técnico de la situación turística del  Puerto de la Cruz, ésta, que como dicen los ingleses es mi “hometown”; pero lo he ido dejando pasar, intencionadamente, con el anhelo de ver, que esas mismas personas o sus asociaciones llevarían a cabo tal “fechoría”, porque debe de serlo, ya que hoy es el día que todavía no hemos podido escuchar o leer públicamente nada de nada. Sin embargo, de lo que sí hemos sido todos testigos, es de esos  análisis subterráneos sobre el municipio decano del turismo; siempre en ausencia de los gobernantes, y personalidades con la batuta de poder. Y si hacemos un poquito de memoria, recordemos que en estos “petites comites”  cuando hay algún dirigente presente, a aquéllos, los que me piden que escriba, les entra pavor y comienzan a lanzar reproches e improperios hacia los mensajeros y políticos de la oposición. Bueno, yo a esto le llamo ¡Hipocresía! ¿Y ustedes? No en vano, hoy voy a trasmitirles lo que yo pienso de mi ciudad, con cariño y porque quiero.

Puerto de la Cruz, cerrado por reformas

El tiempo ha pasado y la ciudad, decana del turismo no pasa por sus mejores momentos económicos. No voy a dar directrices técnicas de la situación, porque alguien las copiaría (ya me ha sucedido) y luego las cobraría bien, aportando brillantes ideas a los que dirigen, y ya sabemos las consecuencias que ello acarrea después…

Me remontaré a finales de los años 70 y principios de los 80. Llegaba la democracia a nuestro país. Y en mí ciudad comenzaba una lucha de clases que estaba enquistada desde tiempos ancestrales. Ganaban los progresistas y aquí, comienza el trasiego de las alternativas políticas y líderes de las diferentes opciones. Con ello, inconscientemente se da el pistoletazo de salida a lo que va a ser una fuerte inestabilidad política y social que ha propiciado la desorientación y la pérdida del rumbo. Los partidos según fueron llegando al poder se acomodaron y posicionaron a sus correligionarios en los diferentes instrumentos creados para los asentamientos profesionales definitivos. Los que comenzaron siendo hombres de progreso se fueron aburguesando con las nuevas posiciones. La ciudad se dividió y se convirtió en un gran campo de batalla dialéctico entre bandas que intentaban conservar el poder a cualquier precio. Todo este desbarajuste social desorienta a los gobernantes, perdiéndose en todas las legislaturas la visión de futuro. Así pues, se instaura una guerra fría político-civil entre las tribus urbanas. Al final, la igualdad entre los contendientes y votantes produce que se lleve más de un cuarto de siglo perdiendo el tiempo. Culpables todos (el primero yo). El Puerto de la Cruz se ha convertido en una localidad con mentalidad pueblerina. La ciudad se ha quedado anclada en el pasado y no ha progresado adecuadamente en un mundo de férrea competencia. El Puerto de la Cruz a pesar de su belleza inigualable, ha envejecido cruelmente, con profundas cicatrices. El odio y la envidia han perdido a la ciudadanía. La brújula ya no marca el camino. Flaco favor ha hecho la política a mi querida ciudad, ¡qué nefastos líderes ha tenido! y que peores ciudadanos que han caído en la trampa del sobrevivir. Al Puerto de la Cruz, le han faltado mujeres y  hombres carismáticos, libres, que levantasen bien alto la bandera de todos.

Ahora nos encontramos en un pozo oscuro. En primer lugar, haría falta un gobierno de concentración; sin él será imposible reflotar esta emblemática ciudad. Qué triste es oír echar la culpa a todos lo de fuera (cabildo, gobierno canario, estado…); no nos damos cuenta que la culpa la tenemos los portuenses y sólo nosotros hemos sido los responsables de la caída de este imperio del turismo. La ciudad está para “cerrarla por reformas”. En el Puerto de la Cruz tiene que cambiar todo y si no es así, la ciudad caerá desplomada, el envejecimiento no perdona, ¡qué pena en esta preciosa isla con un futuro prometedor!

La ciudad tiene que cerrar por reformas. Esto quiere decir que se ha quedado sin ideas. Con la excepción del icono internacional que representa el prestigioso Loro Parque, el resto, se tambalea: los hoteles se caen a trozos (80% tienen más de 20 años, sin reformar), con honrosas excepciones. Me he alojado en algunos que no han cambiado, ni el mobiliario, ni la moqueta desde hace 20 años, donde los colchones de las camas se hunde, (quizás en recuerdo de los catres de nuestras abuelas) donde las cosas funcionan por inercia y sin calidad. Un estudio gubernamental calcula que la renovación total no ha llegado ni al 20%. Ya no hablemos de algunos alojamientos extrahoteleros dignos de que desaparezcan. La ciudad necesita un maquillaje urbano urgente, hay que acerar, asfaltar, ajardinar, limpiar, señalizar, formar y sobretodo volver ser amables que ya no lo somos. De la profesionalidad mejor no hablar. Al Puerto de la Cruz le falta técnicamente lo que se define como “Calidad Total”. Esta reflexión meditada, profunda, seria y valiente la avalan los tour operadores, los agentes de viaje emisores en las principales mercados que desean que esta marca vuelva a ser puntera.

Aún hay mucho trabajo que hacer y si los gestos no comienzan, esto volverá a ser lo mismo de siempre. Cada cuatro años se ven luces al final del túnel, y a los pocos meses se funden. Algunas veces, por las pedradas tan enormes de aquéllos, los del principio de mi artículo. Hoy igual que siempre, el tiempo vuela, los años pasan, como dice Juanes: “la vida es un ratico” pero los destinos turísticos se renuevan, nacen otros, la competencia es imparable, los sitios para visitar y disfrutar son muy diversos y bellísimos. Nosotros para sobrevivir,  vendemos a 18 € la habitación en media pensión. Está claro que por este precio los que vienen no van a mejorar la economía de mi ciudad. El comercio muere, cada día hay más locales cerrados, los restaurantes agonizan, el ocio no existe. No hay rumbo y los dirigentes están perdidos, no saben ni por donde comenzar. En el Puerto de la Cruz  hace décadas que ya no es suficiente el clima, para vender la ciudad hace falta valores añadidos, trasmitir nuevas experiencias y también recuperar la amabilidad, y sobre todo, aprender a ser profesionales, pero también ofrecer algo novedoso y de calidad a los que quieran no solo visitarnos por la belleza del azul del mar en contraste con el color de la nieve del Teide, porque vuelvo a reiterar qué bellezas de la naturaleza hay muchas en nuestro gran mundo.

(Este artículo fue meditado y confeccionado en una de esas bellezas naturales “La República Dominicana)

Comentarios