Pekín, ciudad imperial

 

Al paso agigantado al que va la República Popular China, en menos de un lustro se consolidará como el destino turístico más importante del planeta. Es el país más poblado de la tierra, superando los 1.300 millones de habitantes, y el cuarto en extensión.

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Me había estado perdiendo uno de los lugares más sensacionales. Conclusión: me quedé fascinado y enamorado.

Hablemos del viaje. La primera decisión fue decidir si ir con un forfait o planificarlo yo mismo. Después de las pertinentes verificaciones, dispuse realizarlo por mi cuenta. Para viajar a Pekín, desde España no hay muchas opciones. Por lo que determiné partir desde alguna capital "más europea". En este caso lo hice con Air France  desde París. Con tiempo se pueden encontrar tarifas muy interesantes.
Lo más engorroso del pre-viaje es obtener el visado. Sumamente complicado, por ello hay que hacerlo con tiempo. Ya que hasta ahora la única forma es a través de la embajada en Madrid o el Consulado en Barcelona. Además es obligatorio disponer de pasaporte electrónico.

Teniendo estas diligencias resueltas... rumbo a Pekín. Le sugiero que compre una guía: español-chino mandarín o inglés-chino, ya que uno de los hándicaps, es que (todavía) el inglés no esta muy introducido. Para moverte e ir de un lugar a otro hay que mostrarle a quien preguntes por el nombre del lugar en su idioma sinítico.


Pekín o Beijing tiene 20 millones de habitantes. Es una de las ciudades más grandes de China, tan sólo superada por Shanghai en cuanto a población. Es actualmente el corazón cultural, político y social de este gigante.

Al llegar al aeropuerto, la entrada fue ágil, sin demoras. Pasado los controles pertinentes y la recogida de equipaje, opte por un taxi para ir al hotel; son baratos. La mayoría tienen servicio de recogida en el aeropuerto. De cualquier modo las comunicaciones con el "downtown" son muy buenas y las infraestructuras de la ciudad son excelentes.

Destaquemos algo importante, la seguridad es total. Los pekineses son serios y muy correctos. Es una pena que no se pueda entablar conversación ya que no hablan inglés. Pero son muy serviciales.

Uno de los puntos importantes en este viaje es elegir hotel. Más baratos respecto a los Europeos. Así que decidí elegir uno de los mejores: el Hotel Raffles al lado de la Ciudad Prohibida y de la Plaza de Tiananmen; me aportó un alto nivel de satisfacción. Recuerde que va a conocer y recorrer una megaciudad. Las distancias son muy largas por ello es valioso estar céntricos. Por cierto, el metro funciona muy bien y es verdaderamente económico.

Estamos en una ciudad de compras, casi más que Londres o New York, con marcas, buenas calidades e inmejorables precios. Le aviso, viaje sin maletas y regresará con varias cargadas de: bolsos, relojes, productos electrónicos e informáticos, gafas graduadas, trajes, abrigos... hechos a la medida de las mejores marcas, en fin... lo que usted desee.

Beijing es historia, tradición, cultura milenaria, y desde los últimos diez años una de la capitales más modernas del mundo. Sentirá sensaciones encontradas. Es de obligada visita la gigantesca Plaza de Tiananmen (1949) la más grande del mundo. Quedará fascinado de Ciudad Prohibida (1406) que durante casi 500 años fue el hogar de los emperadores de China. La inmensidad de los palacios y alrededores le sobrecogerá, y pensar que ahí se alojaba el emperador con sus dos mil o tres mil concubinas...

Todo es colosal y grandioso. Junto a la Plaza de Tiananmen se elevan edificios sobrios, enormes de oficinas y calles descomunales, en un estricto orden, las avenidas son tan anchas que no existen pasos de peatones. Tras este choque frontal con las dimensiones y rigor del centro de la ciudad, buscaremos escalas más humanas, como el Observatorio Yongue Gong y el increíble Templo del Cielo (1420); también debe perderse por algunos del los "hutong" (callejones del tradicional Beijing) todavía conservados. No podemos dejar de visitar los Palacios de Verano (1750) y Los Ocho Grandes Templos en las Colinas del Oeste, donde podemos relajarnos. Luego hay que patear un trozo de la Gran Muralla (construida y reconstruida entre el s. V a d. C. y s. XVI). Una de las noches hay que vibrar en su Opera, una de las mayores expresiones de su cultura; colores, disfraces, máscaras, sonidos, luces, sin duda un viaje a los sentidos. Conviva en esta ciudad como uno más.

Pekín es un destino que lo tiene todo: tradiciones, gastronomía, compras al más alto nivel y también al más asequible bolsillo, movimiento, grandiosidad, olores, serenidad, música, colores, ruido, arquitectura, arte..., encontrará su lugar en este seductor territorio, ahora especialmente abierto al mundo y sin ningún tipo de obstáculos para el visitante.