Buscar
21:22h. Jueves, 30 de Marzo de 2017

Hace ya algunos meses empecé a pensar en este nuevo viaje. Meses agotadores a la caza de patrocinios y casi siempre, equivocándome por delegar en quien confías y que sólo te retrasa...

Así es la vida del viajero. Alegrías y zozobras a un tiempo. Si algunos me dejaron varado, muchos más hicieron suya esta historia.

La cosa empezó por elegir la moto. Complicado asunto teniendo en cuenta los innumerables modelos de los que dispone BMW.

No sería justo hacerme dueño del mérito de la elección, porque ciertamente no fue mía. Que lo fue de mi amigo Montxo de Movilnorte. El, más que nadie sabe de motos y me propuso hacer, lo que se me venía por delante en el maxiscooter C 650 GT. Gran acierto.

Tomada la decisión y con el beneplácito de mi otro amigo, David Canosa, fue mi intención demostrar que con esta compañera se podía llegar al fin del mundo. Lo mismo darían pistas, carreteras de cabras o peajes aburridos.

Ha estado la moto a más altura que yo mismo.

Poderosa capacidad de retención para una moto de sus características, velocidades de crucero altísimas, y para mí, con una estética bellísima...

Muchas veces he tenido que explicar en alguna gasolinera las virtudes de semejante aparato. Y todo porque quien preguntaba no entendía cómo pudiendo elegir otra moto, acabé recalando en esta.

No me he equivocado.

El lunes la devuelvo.

Será el peor momento del viaje. 6.500 kilómetros con Sinforosa, que así la bautizé.

La voy a echar de menos...

Curioso resulta escribir lo sentido por tierras francesas e italianas llegado a mi Casa.

A Cádiz, a esas otras partes que lindan al norte con Europa y al sur con el Misterio. Sólo catorce kilómetros separan estos mundos tan distantes...

Todos mis viajes acaban o empiezan en este lugar empapado en sal. Dará lo mismo que vengas de  Italia que de Grecia, todo agarra sentido en esta luz descomunal, infinita.

La Andalucía baja. 

Cádiz y sus playas, Cádiz y sus sierras, Cádiz y su duende.

Recurrente también, resulta empezar a contar las cosas por su final. No parece que aprenda y tampoco importa.

Lo hago recordando tanto kilómetro y tanta complicidad. Acordándome de tantos que han creído en estos desvaríos míos, como tantas veces. Esos mismos que amanecen soñándose en la próxima singladura y esperándola...

Lo correcto sería escribir ahora lo recorrido por  Italia y Francia.

La Costa Azul, Liguria, la Toscana, el Lazio...

Más al sur Náploles y Pompeya.

¡Qué decir de tanto visto, de tanta belleza¡

Me quedo con mi regreso al norte, a Civitacechia. A la sorpresa y embrujo completo de tanto kilómetro, pero necesariamente hay que hablar antes de lo recorrido, de lo visto, de lo vivido.

Andamos  italianos y  españoles embadurnados en mil amalgamas artísticas. Muchas similares y otras tantas, ciertamente distintas.

Si en España se han combinado de siempre el Gótico, el Románico, el Mudejar, lo Judío, lo Gitano, no hay lugar, más que en Italia, donde aquel Imperio Romano y el Renacimiento empapen cada ciudad, cada pueblo.

Pero ya digo, somos hermanos de sangre y de cultura.

Lideraron ellos la frontera entre la Edad Media y el Renacimiento. Nosotros, al poco, aquel otro salto que nos llevó al Liberalismo y que a través de las Cortes de Cádiz, allá por 1812, hizo que Europa entrara por fín en la modernidad.¡Cuántos extrañamos a aquella Pepa¡. Constitución tan atrevida y avanzada como lo fueron aquellos LEONARDOS. Da Vinci y Pissano...

Así que Renacimiento y Liberalismo se respiran en cada esquina. Unos de Ellos, otros ciertamente Nuestros.

De norte a sur empiezas a darte cuenta de la grandeza de este país y sus gentes.

Génova, capital de la Liguria, no es un pueblo marinero, que lo es de marinos, cosa bien distinta. Gravita la figura de Colón por cada esquina. Disputas ancestrales entre nuestras Tierras acerca de la nacionalidad de Don Cristóbal, como si eso tuviera la menor importancia. Sabido es que nació en Génova y sabido es que dicha ciudad pertenecía a la Corona de Castilla. Pero qué importa al cabo...

Lo que queda es lo hecho, que algunos sabemos que nacionalismos estúpidos se curan viajando. 

Separa Liguria de la Toscana el Paso del Braco. Carretera infernal paralela a la Vía Aurelia que discurre entre montes donde cada camino está alfombrado por media cuarta de hojas húmedas. Tiene la velocidad limitada a 90 km por hora. En mi momento más temerario no supe pasar de 40.

Todo para llegar a La Specia. Allí me espera otra luz, otro faro.

Ya que la he nombrado y que no deja de ser una arteria fundamental que recorre Italia de norte a sur, o al revés, según se vaya o venga, intentar describir esta especie de autovía de antaño.

La bautizaron Vía Aurelia. 

Se conoce que su diseño, peñascos, boquetes y miles de mierdas más, recordaron  a aquella prima del Emperador Claudio, la citada Auerila. Data de entonces la carretera. Más de veinte siglos tiene la cochina vereda. Recomiendo la máxima precaución al que se atreva a agarrarla. Con agua, la cosa se complica exponencialmente. No saben mucho de drenajes estas gentes hermanas nuestras. Que se lo digan a Venecia...

Y por fin Pisa.

La belleza absoluta. Ciudad o pueblo tranquilo, plagado de estudiantes y de obras de arte que hacen enmudecer incluso al que va preparado en ánimo y compostura.

Recomiendo un pequeño hotel. Casa  Santommaso. Lugar que te transporta a aquellas épocas donde la razón derrotó supersticiones y fanatismos...

Dos noches paso allá. Me olvido de mis faros para pensar en Florencia, a la sazón, capital de esta tierra que es la Toscana.

Me faltan muchos colores en mi paleta para poder describir este sitio. Basta pasear su casco antiguo para entender nuestra pequeñez.

En este punto,  hacer mención a la forma de conducir de estas gentes. No resulta valadí la cosa. Sólo se les puede entender si se ha visto varias veces aquella carrera de cuádrigas de BEN HUR. Me sobraron no pocos macedonios, tarsos, libios, persas, judíos y mesalas...

Adelantamientos imposibles a diestra y siniestra. Conducción italiana, sin duda.

El cochino presupuesto me hace pensar, más de la cuenta, en que sólo me quedan algunos días por delante.

Roma, Náploles, Pompeya, Calabria y Sicilia....

¡Qué decir de Ellas¡ Todo está dicho y no voy a mejoralo yo en esta crónica. Ciudades para pasearlas, para en el caso de Roma volver a llenarte de culturas distintas. Para entender que andas de la mano de la Madre de Occidente, que todo se lo debemos a Ella , a lo que desparramó desde sus colinas.

Pero no acaba este viaje en Nápoles y Pompeya.

Mirando el Vesubio sé que me queda mucho por delante. Todos mis viajes empiezan o acaban en mi tierra, en ese otro lugar mágico que es Cádiz.

Deshaciendo camino tengo intención de agarrar el barco que me llevará de vuelta a casa. 

De Civitacechia a Barcelona y luego de veinte horas de travesía poner nuevo rumbo hacia Zahara.

Es ahora cuando quiero hablar de lo encontrado en esta singladura de vuelta.

Tres personas difícilmente olvidables.

Tres personas que irradian vitalidad y conocimiento.

Tres personas con ese valor sordo que sólo tienen los viajeros ciertos.

Una venía de India, las otras dos de recorrer Italia por espacio de seis meses.

Tres personas que te hacen sentir pequeño por su grandeza.

Tres personas que te enseñan tanto en tan poco tiempo....

Lo insignificante hecho por mí, mis miedos, mis felicidades y mis añoranzas se los dedico a ellos Tres.

ELSI, SALVA, CARMEN.

Mis respetos y mi agradecimiento.

Mi agradecimiento, cómo no, a los que con su apoyo han hecho posible esta nueva historia.

A BMW Ibérica, David Canosa, MOVILNORTE BMW MOTORRAD, 2Tmoto, HOTEL POZO DEL DUQUE, ROSALES 20, BMWriders, LA DIEZ GESTIONA RADIO, TURISCOM, FIJET ESPAÑA...

MADRID, SICILIA, CÁDIZ, MADRID.