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17:53h. Sábado, 22 de Julio de 2017

(Los días previos…)

Atemperados ya los ánimos y luego de un par de días de utilizar la motocicleta para ”pasear terrazas” por Madrid, creo que ha llegado el momento de contar esta nueva historia.

Será desde el principio, como Dios manda…

No son los comienzos otra cosa que el planteamiento del viaje, su puesta en marcha.

Porque me sé viajero, contaré lo vivido entre luz y sal, para dar pie a los que vuelvan más tarde. A los que entiendan que viajar y hacer turismo son una misma cosa.

El viajero lo es porque entiende la vida de una forma diferente. Así lo creo. Viajar es una forma íntima de mirar hacia adelante. (Brenan, Rainer Maria Rilke, Fulcanelli, Borau y sus Sabinas…)

Antes de partir,  se cruzan mil sentimientos esperando a mi compañero de aventuras y desventuras .Todas intensas.

Ha hecho Óscar su primer gran viaje en moto.

Obvio mencionar las innumerables virtudes de mi compinche. Necesitaría varios cuadernos para contarlas y ya, ni para papel queda. Que nos lo hemos gastado todo por cuatro países sin darnos cuenta siquiera.

Dineros que se han ido, mirándolos muchísimo, a lo largo de tanto kilómetro.

Se me antoja complicado definir el carácter, (único), de mi amigo. Y sus tiempos…

Ya escribí sobre sus virtudes en forma de cámaras fotográficas y cometas rebeldes en un anterior viaje.

Para quien leyera aquello, sobra este preámbulo.

En El Álamo estuve esperándole tres días más o menos, tirando a más.

No acababa de llegar el condenado.

Poderosas escusas, imposibles de ser rebatidas.

Que si llueve, que si tengo que ir a Hacienda, que ahora a la botica… Que no arranca el pollo.

Por fin llama y me asegura que sale a la mañana siguiente. De amanecida.

Tampoco.

Parece ser que su hija ha agarrado una especie de “entripao” que demanda todos sus conocimientos de boticario y galeno.

Sigue sin salir.

Me tranquiliza su siguiente llamada.

Parece ser que las “andancias” estomacales que vienen azotando Algeciras están bajo control y que no más tarde de las 7.00 horas se embarca en su motocicleta.

Mentira podrida.

A eso de las 12.00 horas me comunica que acaba de zarpar.

A las 16.00 horas, (15.00 horas en Canarias), vuelve a torturarme con el teléfono para darme la alegría de su posición. Ha alcanzado Los Barrios. Precioso pueblo situado a 9 km de Algeciras.

Se me empieza a cambiar mi presencia de ánimo… Aquello mismo que le pasó a Gurp cuando se convirtió, por azares del destino, en Marta Sánchez. (Gran libro de Mendoza).

A las 21.00 horas en Canarias recibo nuevas noticias.

Está entrando en Mérida. Población preciosa y cargada de historia, (Emerita Augusta), distante de mi posición GPS 400 km más o menos, tirando a más.

Como todo tiene un límite y la preocupación tanto más, haciendo uso de ni labia y de mi carácter entrañable le obligo a agarrar el hotel más cercano y que pernocte allá como mejor pueda.

Tampoco le sonríe la suerte al elegir posada.

Que los hoteles de carretera vienen disfrazados en neones rosas y verdes y están habitados por gentes, digamos turbias…

Óscar será lento pero es bien decente, así que perdió otro par de horas buscando donde dormir sin colores  que se reflejaran en su almohada. (Este par de horas perdidas me da igual que sean Canarias o Peninsulares…)

Y acabó llegando.

¡Qué alegría¡

¡Qué entrada en El Álamo¡

Con su moto azul repleta de alforjas.

Con más tiestos colgando que en un bazar persa.

Bien está lo que bien acaba, aunque no haya empezado.

De la Taberna del Pochi a casa de Guada se perdió tres veces.

Tampoco importa…