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00:41h. Viernes, 22 de Junio de 2018

Varias veces he empezado a escribir esta nueva entrega. Siempre rechazadas por resultar convencionales, carentes del sentimiento que demanda semejante viaje.

Inmerso en la búsqueda de faros, abadías y catedrales por Europa Occidental, se hace necesario mirar hacia atrás, pausar la aventura, volver al principio. Preámbulo o prólogo que ha sido Ciudad Rodrigo. Para volver, para finalizar el viaje arropado por sus dehesas.

Y como todo lo mágico, lo auténtico aparece sin esperarlo. De puntillas, disfrazado en misterio. Así aterricé en esta ciudad de Salamanca. Con la cabeza puesta en los más de diez mil kilómetros que me esperaban, se detuvo el tiempo en esta Tierra de “farinatos” y de piedras que sujetan palacios de siempre.

Necesario pues, volver sobre mis pasos, hablar de este pueblo y cómo no, de mi “compañera” de viaje. Antes se hace necesario contar lo sentido. Seguramente así consiga que más de uno visite, viva y sienta tamaña Belleza. Que como yo, se hagan cómplices de los amaneceres imposibles que nos regala Miróbriga. Luces que se posan en su Catedral para iluminarla más si cabe. Catedral única, desconocida para tantos, para mí mismo…

Imprescindible también bucear en sus noches, en sus murallas, en su Historia, en sus ventanas dibujando ángulos únicos, en sus leyendas, en sus escudos “torcidos”.

Aparecí por allá como por tantos sitios.

Lugares que a fuerza de pisarlos, te engrandecen, te alegran, te entristecen. Que te hacen sentir para poder seguir viviendo.

Pero nada hubiera sido posible sin mi compañera, mi moto. R 1200 GS. BMW que ha resultado ser el paradigma de la felicidad, de la aventura, de la soledad buscada, de tanto que tenemos aquí mismo. Cómplice más que compañera. Amiga perfecta, cabal. Hace tiempo la definí como la Moto perfecta. Me reafirmo en lo dicho. Versión última que mejora a las anteriores. Todo potencia y dulzura vestida en líneas que enamoran a cualquiera.

Cuatro caminos me llevaron a esta ciudad, a este pueblo. Sendas, estilos que te ayudan a comprender lo que tienes delante. Resumido todo en su Catedral. Románico, gótico, barroco, neoclásico… Todo perfecto, pura armonía. Desde el Paleolítico Inferior a la Edad de Bronce, a la Edad Media. De los Trastámara a su indiscutible relevancia en la Guerra de la Independencia, ya en el XIX. También es el cuatro un número mágico. Cuatro estilos que flotan y gobiernan todo lo posible, quizá el Misterio de su Catedral, que diría Fulcanelli.

Así, buscando abadías y catedrales ando con mi GS. Curioso resulta haber encontrado una de las más bellas tan cerca. Su Coro, su Pórtico del Perdón o de la Gloria. A San Francisco asomado al abismo mismo de lo inmenso, guardando desde lo alto la cruz latina que da forma al edificio como sus murallas y el río Águeda conforman Ciudad Rodrigo. Cruz Latina que ha bendecido tanto kilómetro que se me venía encima.

Se podría hablar de tanto… Seguramente lo habrán hecho otros. A mí me importa lo sentido en estas tierras. Para que el que pueda venga y las viva intensamente. No pude ser de otra forma. Que se maravillen con su magia. Lo demás ya está escrito.

Salí de Ciudad Rodrigo buscando. He recorrido Portugal, España, Francia, Italia e Inglaterra. Y desde Santander, como la acémila vuelve a su querencia, me vi de nuevo en esta Tierra salmantina. Veinte días más tarde. Necesité entonces reencontrarme con sus luces, sus calles, sus palacios y sobre todo con sus gentes. Para sumergirme de nuevo en los mil sentimientos que me despertó desde el principio.

Volveré sin duda, que más de un Lucero de allá viene ya conmigo.

Mi agradecimiento a Fijet España, a Movilnorte BMW Motorrad, a BMW Ibérica, a Spidi Italia, (Alessandro Cavazza), a la Diez Gestiona Radio, (Miguel Ángel González Suárez), a Turiscom y por supuesto a Aída, Belén, Irene, Maribel y Fran por mostrarme el amor inmenso que sienten por su Tierra. Y cómo no, a alguna Estrella que otra.