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14:53h. Lunes, 26 de Junio de 2017

Son bien conocidas las expediciones desplegadas por los españoles a lo largo y ancho del Pacífico desde el descubrimiento de este inmenso océano, animados por una mezcla de motivos políticos, religiosos, económicos y un gran componente de aventura, cordón umbilical de lo que había sido aquella Edad Media, de la que se salía con su gran carga de elementos de leyenda, ideales caballerescos y búsqueda de ilusiones. Sin embargo, la Edad Moderna les impelía a revestirse de espíritu práctico e iniciar expediciones hacia el Este, con la concreta misión de encontrar las especias -tan necesarias y valoradas desde Occidente-, así como con el fin de detectar enclaves estratégicos para fines militares o simplemente para control de rutas comerciales.

La intención que me mueve a escribir estas líneas es el hecho de constatar que, a pesar de la extensa bibliografía existente acerca de las expediciones españolas por el Pacífico, existen recodos en dicho Océano que, al no haber tenido gran repercusión en el desarrollo de nuestra historia, no han sido casi estudiados por los tratadistas. Tal es el caso de las expediciones españolas a la isla de Borneo (principalmente a su costa norte), hoy día bajo bandera de la pujante Malasia y del Sultanato de Brunei. Durante una reciente estancia en Malasia y Borneo tuve ocasión de constatar en las Bibliotecas Nacionales de Kuala Lumpur y de Kuching acerca de la escasez de datos sobre la presencia española en aquellas latitudes durante los siglos XVI y XVII.

Para abarcar con precisión este pequeño estudio es necesario hacer unas breves consideraciones de lo que entonces comprendía la zona considerada, que se extendía en el espacio mucho menos de lo que es hoy día la Confederación de los trece estados malayos, con dos zonas bien definidas: la Malasia Peninsular -desde el istmo de Kra hasta los estrechos de Johor-, y los territorios situados a lo largo de la Costa Norte de Borneo -estados de Sarawak y Sabah (antes llamada Borneo del Norte), y Territorio Federal de Labuan -situado en la isla del mismo nombre, frente a las costas de Sabah. Entre los estados malayos de Sarawak y Sabah se encuentra la pequeña nación independiente de Brunei. Entre la península y la costa de Borneo hay 750 kms. bañados por el Mar del Sur de la China.

En la época que nos ocupa la situación era muy diferente: en el siglo XIV comienza la era del Imperio de Malaca, coincidiendo con la difusión del Islam en el sudeste de Asia. Malaca fue convertida al Islam, que desde allí se difundió por las regiones costeras de la Península malaya, este de Sumatra, norte de Borneo y Java. En Borneo el Imperio de Brunei mantenía su primacía a lo largo de la costa, comprendiendo los actuales territorios malayos de Sabah, Sarawak y Labuan, y el actual sultanato de Brunei. En 1511 Malaca fue conquistada por los portugueses, iniciándose una época de incursiones europeas en la zona.

El Mar Español

Desde principios del siglo XVI España trató de aplicar el principio de "mare clausum" referido a un inmenso espacio marítimo. Fue el Padre Medina quien denominó "Mar Español" al Pacífico, al igual que Roma había llamado "Mare Nostrum" al Mediterráneo. La Bula Papal con la línea de demarcación hasta las antípodas daba alas a la ambiciosa idea expansionista de los españoles, que se apoyaban en una historia reciente de descubrimientos y conquistas. En el Pacífico americano la presencia española era dominante. En el Pacífico oriental el asentamiento en las Islas Filipinas fue definitivo para desde allí extender su influencia. Sin embargo, la zona comprendida en este estudio resulta marginal, ya que no formaba parte de las rutas del Galeón de Manila ni de otras rutas comerciales. Las incursiones hacia Borneo y Malasia fueron, por tanto, esporádicas, de tipo exploratorio y con afán de extensión colonial o de castigo. Se centraron básicamente en la isla de Borneo, entonces bajo el dominio del Sultanato de Brunei.

Algunas referencias sobre Borneo en dicha época

Se debe hacer constar que en todos los escritos de la época a la que nos referimos los escritores, viajeros y cronistas mezclaban constantemente en sus referencias Borneo y Brunei, utilizando en muchos casos ambos términos indistintamente.

El portugués Tomé Pirés, contemporáneo del primer gobernador de Malaca, Rui de Brito Patalim, (1514) escribió acerca de Borneo: "Se compone de muchas islas grandes y pequeñas. Casi todas ellas están habitadas por salvajes, solo la principal está habitada por moros. Hace poco que el rey se ha hecho moro. Son gentes de comercio, de mediana estatura, no muy agudos. Comercian con Malaca. Es un país rico en carne, pescado, arroz y sago. Exportan oro (aunque de baja calidad), miel arroz y sago...Importan ropas procedentes de la India, cristales, perlas...Van y vienen desde Malaca a Borneo en juncos y tardan un mes. Parecen gentes apacibles..." (1)

Duarte Barbosa escribió en 1516 un libro sobre las tierras del este. Se refiere a las islas de Borneo situándolas muy al norte "más allá de la isla de Solor" (archipiélago Sulú). "Desde esta isla de Solor, en dirección a China hay otra isla también rica en provisiones y habitada por paganos...Se puede encontrar alcanfor, que es muy apreciado por los indios... A esta isla se le llama Borneo (2).

Afonso Lopez Dacosta, capitán de Malaca (1518-19) escribía al Rey Don Manuel el 20 de agosto de 1518: "Las islas de Borneo tienen gran extensión y un rey que les gobierna; las gentes de estas islas son los aluçoes; había [en Malaca] dos juncos cuando yo llegué. Se me rindieron honores a mí y a Dom Aleixo (3) y yo le escribí al rey de Borneo porque lo creí oportuno para mejor servicio (4).

Posteriormente, el aventurero y escritor Pedro Teixeira (5) hace unas curiosas descripciones de Borneo y especialmente de la ciudad de Brunei , a donde llegó procedente de Malaca en el año 1600: "LLegamos a Borneo...a la parte oeste de la isla y navegamos a lo largo de toda la costa norte hasta un puerto seguro y espacioso formado por el canal de un gran y profundo río que desemboca en el mar y también por algunas islas que lo rodean ...Borneo es una de las más grandes islas...Los habitantes son moros de muy gallarda complexión y bien parecidos, especialmente las mujeres. La mayoría van casi desnudos...La isla abunda en productos como el alcanfor...Esta tierra estuvo anteriormente bajo dominio español (6), y fue abandonada por insalubre y poco adecuada para el tráfico comercial, siendo el terreno poco próspero y sus gentes de poca utilidad...Las casas están construidas de madera sobre plataformas...Tienen pequeñas embarcaciones y navegan a una distancia de 100 leguas o más...No sufren temporales, ya que el mar de Malaya está tan en calma que los hombres lo llaman el mar de las mujeres..."

Teixeira llegó el 22 de junio de 1600 a Manila, de donde zarpó hacia Méjico, llegando a Acapulco el 1 de diciembre y a Lisboa el 8 de octubre de 1601.

Aunque algunos investigadores portugueses reclaman para sí la primacía de haber llegado a Borneo, lo cierto es que -si bien los habitantes de estas islas daban cumplidas informaciones sobre su tierra a los portugueses durante sus etapas comerciales en Malaca y demás territorios portugueses- éstos no realizaron ninguna expedición ni asentamiento en tierras de Borneo. Los primeros en llegar fueron los españoles al mando de Magallanes en 1521. Se establecieron y permanecieron  en Brunei durante un mes, y cuando abandonaron el lugar dos griegos de la tripulación   desertaron y se quedaron allí convirtiéndose a la religión musulmana. Estos dos griegos, junto con los tres hombres que se quedaron en tierra al abandonar los españoles la isla (dos españoles y un portugués -el hijo del capitán Carvalho-) fueron los primeros europeos habitantes en Borneo.

Primeras incursiones de españoles en la zona (Magallanes, 1521)

Descubierta y conquistada América, los navegantes españoles surcaron nuevas rutas siguiendo la luz del sol y descubrieron en el Océano oriental un archipiélago compuesto de muchas islas, habitado por diferentes pueblos y abundante en ricos metales, piedras preciosas, perlas y toda clase de frutas y especies. Los españoles se instalaron en el archipiélago, al que denominaron Filipinas en honor al Rey Felipe II, y dedicaron todos sus esfuerzos al desarrollo, cristianización, enseñanza del idioma e imposición del modo de vida, costumbres y legislación española. Sin embargo, en el continuo trasiego marítimo que supusieron el control y dominio de las islas, los españoles hicieron varias incursiones -algunas de ellas de conquista y asentamiento- en varias zonas e islas del área geográfica que nos ocupa.

Ya en la expedición circumnavegatoria de Hernando Magallanes al servicio de España, tras los tristes acontecimientos acaecidos en Cebú que le costaron la vida a manos de los nativos de Mactán, la expedición española con solo dos naos -de las cinco que partieron de Sanlucar de Barrameda- enfila hacia Panilongo -actual Isla de Negros- y hacia Polwán -la actual Palawan- hasta llegar a Borneo atravesando el Estrecho de Balabac. El día 8 de julio de 1521 llegaron a la ciudad de Borney o Brunei, situada a 5º 25' latitud norte (en el actual estado malayo de Sabah, al sur de la capital Kota Kinabalu). El cronista Pigafetta describe con minuciosidad la llegada a la espléndida corte del monarca moro Siripada. Este acogió con muy buena disposición a los españoles (a quienes tomaron al principio por portugueses), que acudieron a Palacio montados en dos elefantes cubiertos con gualdrapas de seda (7). La descripción del palacio-fortaleza es también minuciosa, haciendo constar la magnífica defensa a base de 50 bombardas de bronce y seis de hierro, además de otros instrumentos de guerra y de infraestructura bélica que denotaban avances propios de una sociedad mucho más desarrollada que los lugares visitados anteriormente. Pigafetta relata también anécdotas dignas de mención durante su estancia en Brunei: el sultán era tan reverenciado que, según advertencia de uno de los cortesanos, no se podía hablar directamente con él; de modo que, si se quería decir algo al sultán, había que dirigirse a dicho cortesano, quien a su vez se lo diría a otro cortesano de rango superior, que se lo diría al hermano del gobernador, quien a su vez (por medio de una cerbatana colocada en un agujero del muro) dirigiría las peticiones a uno de los oficiales próximos al rey, a quién se informaría. Relata el cronista también que la influencia del arte culinario de Catai en Borneo era muy patente, tanto a lo que se refiere a los productos en sí como a la forma de prepararlos y presentarlos y a la utilización de porcelanas y maderas como recipientes. Se observa lo apreciado que es en toda la costa de Borneo el azogue bebido, al que utilizaban para curar enfermedades. No comían cerdo, pues les estaba prohibido como mahometanos. Las porcelanas que usaban para la comida eran de tierra muy blanca "que se deja en el suelo durante medio siglo para refinarla, por lo que tienen un proverbio que dice que el padre se entierra por el hijo... y, si en uno de estos vasos de porcelana se echa veneno, en el acto se vuelve inofensivo" (8).

Los españoles explicaron al rey que su propósito era encontrar el camino a las Molucas y le pidieron pilotos que les condujesen allí. El rey les prometió gente experta que les condujese hasta Mindanao y desde allí les sería fácil el camino a las Molucas.

Aunque la recepción a los españoles por parte de las autoridades de Brunei fue muy amistosa, las relaciones se fueron enrareciendo ante el temor de que los españoles pudieran obtener informaciones susceptibles de ser utilizadas en posteriores agresiones. El 29 de julio de 1521 un centenar de piragüas armadas con intenciones belicosas obligó al jefe de la expedición española Carvalho a levar anclas abandonando en tierra a tres personas, entre ellas a Jacinto Carvalho -su propio hijo-. Las naves se dirigieron de nuevo por el estrecho de Balabac y se detuvieron a reparar las naos en una isla situada a una latitud de 7º norte (quizá Balambagan) en el mismo estrecho de Balabac. Pigafetta la llama isla de Cimbombon y la describe como un lugar con árboles cuyas hojas tienen vida propia y "si se les toca, se escapan con sus dos pies; pero al partirlas no sale sangre" (9). En esta isla de Borneo se eligió a Gómez de Espinosa, capitán de la nao Trinidad, y a Juan Sebastián Elcano, capitán de la nao Victoria (10).

Tras estos acontecimientos por la zona que nos ocupa, la expedición española siguió su curso hacia Mindanao y las ansiadas Molucas.

Portugal tras las huellas españolas en Borneo

En 1521 el capitán de las Molucas Antonio de Brito envió a Dom García Henriques a Malaca vía Borneo, alegando que la distancia por esa vía era de 400 leguas en lugar de las 600 leguas que había por Banda. Dom García no encontró el camino a la isla de Borneo, pero capturó el barco Trinidad de la flota de Magallanes y se lo llevó a las Molucas. Antonio de Brito no cejó en su empeño y, convencido de que la distancia entre Borneo y Malaca era de 100 leguas y que no debía ser difícil el camino, ya que siempre había comerciantes de Borneo que realizaban ese recorrido en juncos, envió en mayo de 1523 a Antonio de Abreu para descubrir la ruta entre Borneo y Malaca. Abreu zarpó desde las Molucas y, tras varios días de navegación, se perdió en el laberinto de islas y tuvo que regresar a las Molucas sin completar el viaje.

En enero de 1524 el capitán de Malaca Jorge de Alburquerque escribía a su rey Juan III relatándole el interés por conectar con Borneo, sobre todo teniendo en cuenta que ya los españoles de la expedición de Magallanes habían llegado allí y algunos se habían quedado. Se envió a Antonio de Pina con el fin de detectar la importancia de las mercaderías con Borneo, y además para ver en qué situación se encontraba el asentamiento español (si había prosperado y si había continuidad en las relaciones, o si se trataba de un emplazamiento estratégico digno de considerar). Cuando antonio de Pina llegó a Borneo no encontró más rastro de la presencia española que un vizcaíno que había sobrevivido de los dos que se quedaron en la expedición de Magallanes. El otro español había muerto, y los dos griegos se habían integrado con los nativos y convertido al islamismo. El rey de Borneo manifestó su amistad al rey de Portugal. El informe de Pina fue descorazonador en el sentido de que Borneo no era lugar de ricas especias; su producción era básicamente de alcanfor comestible (a diferencia del alcanfor de China que no lo era). El informe concluía afirmando que no se necesitaba a Borneo ni como lugar de producción, ni como lugar estratégico, ni para nada importante a no ser para recalar en los viajes entre Malaca y las Molucas.

Tras este viaje los portugueses hicieron otros recalando en Borneo durante su trayecto de Malaca a Molucas. En 1526 Dom Jorge de Meneses, capitán de las Molucas, realizó de esta forma el trayecto, según instrucciones del capitán de Malaca Pero       Mascarenhas, quien insistió en que este trayecto era más corto que el de Java y Banda. Meneses partió de Malaca y, a través del estrecho de Singapur, llegó hasta la isla de Pedrabranca y luego hasta a isla de Pulogaia. Sorteando pequeñas islas llegó por fin a Borneo en medio de un viaje complicado. Tras esta intentona, Dom Jorge de Meneses siguió en su empeño de descubrir mejores rutas hacia Borneo. Con este fin envió una expedición desde Molucas a Malaca al mando de Vasco Lourenço, a quien acompañaban Diego Cao y Joao Veloso. Con ellos iban como pilotos un español y un malayo. Vasco Lourenço llevaba sedas y otros objetos como regalo para el rey y los principales jefes con el fin de ganarlos a su amistad. A su llegada a Borneo encontraron allí a un portugués -Afonso País-, que había viajado desde Malaca en un junco cargado con mercaderías y que se había ganado la confianza del rey. País fue un magnífico introductor para Lourenço, que entregó sus regalos a los altos dignatarios y les explicó sus deseos de amistad. Entre los regalos se encontraba un tapiz de Portugal que representaba la boda de Enrique VIII de Inglaterra y catalina de Aragón. Enrique VIII estaba sentado, con su gran corona y rodeado de todo el esplendor de la corte. El rey de Borneo, impresionado por tanto boato, pensó que ese poderoso monarca vendría a quitarle su reino, y Lourenço fue acusado de traición y condenado a muerte. Gracias a los buenos oficios de Afonso País, que ordenó quemar el tapiz, se restablecieron las buenas relaciones (11). Lourenço partió finalmente hacia Malaca acompañado por Afonso País, pero envió un mensaje al capitán de las Molucas informándole sobre los contactos establecidos en Borneo.

En 1529 Gonzalo Pereira fue nombrado capitán de las Molucas. Llegado a Malaca desde la India, recibió orden de partir a las Molucas vía Borneo. Zarpó de Malaca en agosto de 1530 en compañía de Lionel de Lima, llegando a Borneo en una fácil travesía. Desde el barco anclado envió primero a Luis de Andrade cargado de presentes para el rey y altos dignatarios. Habiendo realizado perfectamente su misión de informar sobre las buenas intenciones de los portugueses y sobre sus deseos de establecer lazos de amistad, el rey les aceptó de muy buen grado, acogiéndose a las facilidades ofrecidas por los portugueses para comerciar con Malaca y llevar sus mercaderías hasta la India, circulando con todas las facilidades a través de los establecimientos portugueses que les tratarían con honores y distinciones. El rey agasajó a Pereira y a sus hombres antes de que éstos partiesen para las Molucas, a donde llegaron el mes de octubre.

A partir de estas fechas fueron frecuentes las recaladas portuguesas en Borneo:

Tristao de Ataide, nuevo capitán de las Molucas tras la muerte violenta de su antecesor a manos de los nativos, partió de Goa hacia Malaca en 1533. Allí encontró al piloto Pedro Anes  que conocía el camino hacia las Molucas vía Borneo, adonde llegaron a finales de agosto de 1533. Se quedaron allí quince días en misión de buena voluntad. Con los parabienes del rey de Borneo, quien una vez más manifestó su lealtad al rey de Portugal, partieron hacia las Molucas. En 1537 Antonio Galvao hizo el mismo camino hacia Molucas vía Borneo.

Expedición española a Borneo (Brunei): Francisco de Sande (1578)

Ocupadas las Islas Filipinas por Miguel López de Legazpi, y tras la repentina muerte de éste, fue nombrado Capitán general de dicha isla D. Francisco de Sande, natural de Cáceres (1575). Además de dar un gran impulso a la pacificación de las islas, se lanzó hacia otras empresas marítimas, llegando él mismo a encabezar una expedición a la isla de Borneo (Sultanato de Brunei). En 1577 se presentó ante el gobernador De Sande un pretendiente al trono de Borneo llamado Sirela, solicitando la ayuda de los españoles para expulsar del trono a su hermano Saif-ul-Rejal que lo había usurpado. A cambio de la ayuda juró poner su reino bajo la soberanía del rey de España. De Sande, que tenía en mente el dominio de Borneo, aceptó encantado esta propuesta y salió de Manila en la primavera de 1578 con una escuadra de 30 bajeles  donde iban 400 soldados españoles, 1500 arqueros de Luzón y las Visayas, y 300 partidarios de Sirela. De Sande escogió al fraile agustino Fray Martín de la Rada para que le acompañase en la expedición. La flotilla española derrotó a la del enemigo y el sultan Saif-uf-Rejal huyó, quedando instalado en el trono Sirela y los españoles en la isla para tomar posesión y también para reponerse de algunas fiebres que atacaron a algunos miembros de la tripulación. Sin embargo, no siendo posible (por falta de hombres y de infraestructura naval y bélica) la permanencia en Brunei, De Sande tuvo que abandonar la isla y regresar a Manila, donde prosiguió con firmeza su tarea de pacificación de las Islas Filipinas, y mejoró la organización civil y militar. Consiguió la adhesión de varios pueblos enemistados con otros que le prestaron ayuda y que acogieron las nuevas costumbres y modo de vida con la filosofía propia de los pueblos malayo-filipinos de aceptación fatalista de algo que no podían evitar. (12)

Gabriel de Ribera

La administración Sande no pudo rematar la obra emprendida en Borneo debido a las dificultades con que se encontraba en las Islas Filipinas y las que le imponían las otras naciones europeas instaladas en la zona. A Sande le sustituyó el Capitán General D. Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, natural de Arévalo, quien tenía las mismas inquietudes expansionistas de su predecesor. A los pocos días de asumir el mando organizó una expedición bajo el mando del capitán Gabriel de Ribera. En Borneo los partidarios de Said-ul-Rejal habían vuelto al ataque tan pronto como los españoles zarparon. El monarca destronado buscó refugio en las Molucas y  consiguió el apoyo de los portugueses, quienes, aspirando también a la posesión de Borneo, no dudaron en organizar una flotilla a las órdenes de Hector Brito. Sirela fue fácilmente derrotado, huyó a Manila y de nuevo solicitó la ayuda española. Los españoles no habían renunciado a la posesión de la isla, tanto más cuanto conocían las apetencias de sus enemigos portugueses en la zona. Nuevamente se preparó una flotilla -esta vez a las órdenes de Gabriel de Ribera- que de nuevo derrotó a los partidarios de Saif-uf-Rejal y restauró a Sirela, siempre bajo el protectorado español. Los españoles permanecieron  allí durante algún tiempo controlando la situación y, finalmente, tras haber consumido el tiempo previsto para la expedición, se  decidió regresar a Manila. (13). Abandonado Sirela por la guarnición española, no tardaron sus enemigos en destronarle de nuevo, volviendo al poder Saif-ul-Rejal. Sirela escapó esta vez hacia Belait, donde fue asesinado. En los años siguientes se interrumpieron las conexiones comerciales entre Manila y Borneo debido a varias causas, entre las que se encontraba el odio a los españoles del sultán Rejal y también por la aparición de los piratas -que empezaron a incrementar sus ataques en la zona y contra los que los españoles dirigieron varias expediciones, sin obtener grandes resultados-. En el último decenio del siglo XVI cambiaron las circunstancia, restableciéndose el comercio entre Borneo y Manila. Había buques mercantes cargados de esclavos, alcanfor y sago desde Borneo a Manila, y se llevaban a cambio arroz, telas y licores. Este tráfico coincidía ya con las actividades desplegadas por los holandeses en la zona.

Ordenes religiosas en Borneo (Españoles y portugueses)

En octubre de 1587 dos frailes franciscanos españoles fueron enviados por su Superior a España con mensajes para el rey. Se llamaban Francisco de Santa María y Miguel de Talavera. El barco portugués en el que iban hacia Goa vía Borneo fue obligado, a causa del mal tiempo, a recalar en Borneo. El Sultan Saif-uf-Rejal, que odiaba a los españoles, permitió a los Orang Macau (gente de Macao, o sea, portugueses) que invernaran en su territorio, pero a los frailes españoles les acogió con hostilidad. Ambos franciscanos comenzaron su labor evangélica a pesar de las hostilidades, construyeron una capilla al pie de una colina donde realizaron su misión. Muchos nativos acudían llevados por la curiosidad. Animados por estos pequeños triunfos, los dos franciscanos llegan a palacio para predicar el evangelio al propio sultán. Este, al comprobar que predicaban contra Mahoma, montó en cólera y decretó la muerte de ambos frailes. Santa María fue decapitado y Talavera pudo escapar. Los portugueses trataron de auxiliar a los españoles, aunque en el caso del Padre Santa María solo llegaron a tiempo de sepultarle. En 1565 los jesuitas Tristao de Araujo y Joao da Veiga embarcaron en Malaca en un galeote camino de las Molucas, pero, debido a adversidades metereológicas, llegaron a Borneo donde invernaron. Muchos portugueses murieron víctimas de unas fiebres, entre ellos el Padre veiga. El Padre Araujo siguió hacia las Molucas.

El primer jesuita que ejerció su labor en Borneo fue el Padre Antonio Pereira, nacido en Beira (Portugal). En 1593 (unidos ya Portugal y España) estaba en Manila y partió para Siau en 1596. En el año 1600 estaba en Tidore y en 1608 fue llamado a Malaca. En Siau dejó un diccionario de dialectos de Siau y Ternate, y del lenguaje malayo que hablaba con fluidez. En julio de 1608 embarcó de nuevo para las Molucas desde Malaca, pero una tormenta desvió el barco hacia la costa norte de Borneo, donde finalmente naufragó. El padre Pereira, junto con otros supervivientes, fue capturado por los lutaos (gentes muy primitivas que vivían en barracas, juntos hombres con animales). Cuando el sultán Shah supo de este naufragio envió a un pangiran (jefe) para que trajese a los cautivos hasta Brunei. Pereira se ganó la amistad del sultán y permaneció durante un año predicando el evangelio en libertad. En 1609 un barco de Brunei zarpó hacia Filipinas. El Padre Pereira prometió a sus nuevos amigos regresar él mismo o enviar a otros misioneros. Pero el barco que le llevaba naufragó y Pereira murió ahogado junto a la mayoría de la tripulación en diciembre de 1609. Al año siguiente otro jesuita, el padre Joao Baptista llegó a Brunei camino de las Molucas. Aunque el sultán le rogó que permaneciera, Baptista siguió su camino a las Molucas. Otros sacerdotes recalaron en Brunei en sus viajes a otros lugares y ejercieron esporadicamente    su apostolado mientras permanecieron allí. Un informe de 1616 sobre los jesuitas constata que ya había 700 católicos y que había mejores perspectivas porque los nativos ya estaban bien dispuestos. Después de esto, los holandeses expulsan a los portugueses de las Molucas y tendrían que pasar casi ochenta años antes de que otros sacerdotes pusieran sus pies en Borneo. En 1687 el italiano Fray Antonio Ventimiglia comenzó de nuevo la senda del evangelio en Borneo.

Intereses europeos en la zona durante esta época

Mientras España concentraba sus esfuerzos en las Islas Filipinas y extendía desde allí sus lazos con otras islas del Pacífico Oriental, orientando sus derrotas hacia las Marianas, las Molucas y hacia América, las naciones europeas protestantes concentraban su atención hacia la actual Malasia y noroeste de Borneo, estableciéndose firmemente en todos los ámbitos -tanto en lo político como en el comercial y en el de asentamiento cultural y religioso-. La Dutch East India Company recibió ayuda malaya cuando atacó la Malaca portuguesa en 1606 y en 1641, pero el deseo holandés de provocar hostilidades contra los españoles era tan grandes que se promovió una embajada oficial holandesa en Brunei. La English East India Company, que en el siglo XVII venía manteniendo un extenso comercio en Indonesia durante ochenta años no mostraba tampoco un gran interés por Brunei. Los comerciantes ingleses, violando las reclamaciones de monopolio de los holandeses en la zona, actuaban en las zonas periféricas de Indonesia. Así pues, la marcada ausencia de interés por parte de los europeos en el NO de Borneo contrasta con la gran importancia concedida a la toma del estrecho de Malaca tanto por parte de los portugueses como de los holandeses y más tarde de los ingleses. Ciertamente, la situación estratégica del estrecho de Malaca era vital para los portugueses en su ruta entre Goa y Macao, y para los holandeses este estrecho pasillo marítimo les permitía controlar el comercio interasiático. Por ello Malaca tenía el suficiente valor como para explicar la determinación de no perder terreno, además de tenerse que mantener en la zona la supremacía  naval.

La indiferencia con que los europeos miraban las potencialidades comerciales con Brunei sugiere que este comercio se consideraba trivial en comparación con otros puertos malayo-indonesios.. Además, los actuales estados malayos fronterizos a Malaca y Singapur estaban constantemente envueltos en disputas internas por los controles de rutas marítimas y por conflictos con portugueses y holandeses, que querían monopolizar las exportaciones de estaño y pimienta.

La importancia política y comercial del Sultanato de Malaca a comienzos del siglo XVI era muy superior a la de Brunei. La actividad comercial más sobresaliente de Malaca era el intercambio de productos valiosos de la India por especias, aromatizantes y productos madereros de las islas de Indonesia. Se comerciaba también con China en sedas, cobre, hierro y otros productos, pero en menor proporción que con la India.

Los portugueses capturaron Malaca en 1511 y expulsaron al Sultán Mahmud, quien, tras sucesivos intentos por recuperar su sultanato, fue definitivamente derrotado por los portugueses en 1526. Mientras tanto, en las Molucas, los españoles habían hecho su aparición en 1527 y desde allí, en sus expediciones transpacíficas, constituían un permanente frente de irritación para el comandante de Ternate (isla de las Molucas) hasta que se hizo el Tratado de Zaragoza en 1533 dejando claras las fronteras de ambas soberanías.

En estas circunstancias el gobierno portugués no era partidario de añadir Brunei a su lista de enemigos, sobre todo teniendo en cuenta que la ruta del norte de borneo a las Molucas era una de las más favorables a los portugueses. Don Jorge de Menezes fue uno de los primeros que realizó la ruta de Brunei a Ternate en 1526 (antes habían aparecido otros portugueses, como se ha visto en el apartado correspondiente). Las relaciones de los portugueses con el Sultán de Brunei eran cordiales, tanto que los españoles llegaron a temer un ataque combinado de ambas fuerzas a Luzón en 1573. Cuando la flota de Francisco de Sande capturó Brunei en 1578 los españoles encontraron muchos signos de amistad entre este pueblo y los portugueses, que ya habían instalado hombres e iniciado contactos amistosos. Aunque en aquel momento no se hallaba ninguna flota portuguesa, cuatro meses después de que de Sande se retirara de Brunei llegó la flota portuguesa y su comandante fue invitado por el Sultán de Brunei a participar en la guerra contra España. Como país católico y con muchos problemas en la zona, Portugal declinó el ofrecimiento, pero ayudó por medio de barcos, armas y provisiones al Sultanato de Brunei. Una de las observaciones de De Sande mientras estuvo en Brunei fue la constatación del gran número de mercaderes que llegaban del otro lado del Mar de la China. Esta evidencia de las potencialidades comerciales de Brunei con la China fue contrastada en los años posteriores al ansiar la demanda local más las telas chinas que las que traían los holandeses. Los chinos de Patani importaban pimienta de Brunei y exportaban alcanfor, esclavos, cera y piedras de bezoar.  El Sultán de Brunei, a través de estos comerciantes chinos de Patani, extendió una invitación a la Dutch Company en 1604 y en 1614, prometiendo tratarlos tan amigablemente como a los chinos, pero la Dutch Company no respondió a esta invitación. Mantuvo tratos con Brunei con cierta frialdad, en marcado contraste con los intereses y alianzas que los holandeses mantenían con los moros de Sulú y Mindanao, siempre en contra de los intereses españoles en Filipinas (antes de la paz hispano-holandesa de 1648). La única colaboración consistente entre Brunei y los holandeses fue contra los españoles durante la campaña de Maerten Gerrittsz en Filipinas durante 1646 y 1647. No duró mucho y fue solo un conato.

Consideraciones finales

Se ha pretendido en estas páginas resaltar unos aspectos de las expediciones españolas en una parte escondida del Pacífico y sin grandes repercusiones en nuestra historia, pero que, aunque modestas en su alcance y en sus pretensiones, merece la pena rescatarlas del olvido, ya que nos dan la muestra inequívoca del espíritu que impregnaba a aquellos navegantes, capaces de realizar grandes empresas con pocos medios. Habrá que recordar con Menendez Pidal que los españoles, a pesar de su individualismo, son capaces de sentir grandes ideales colectivos. Aquellos navegantes se lanzaron a los descubrimientos en unas condiciones de navegación muy precarias. A veces se tenía que fijar la longitud geográfica por estimación (sobre todo en los primeros tiempos), lo que ocasiona que muchas de las fuentes estén llenas de inexactitudes y falsos datos.

Los españoles fueron pioneros en Borneo, adonde no solo recalaron por casualidad, sino que, conscientes de la importancia estratégica de la isla -sobre todo para los portugueses- como ruta más corta desde las Molucas hasta Malaca, trataron de controlar dicho paso. Aunque no lo consiguieron, sus permanentes escaramuzas y puntuales asentamientos en la zona, forman parte de la historia de los actuales países de Malasia y Brunei, donde permaneció la huella hispana al menos en el aspecto religioso, ya que la labor de los sacerdotes que allí se instalaron se prolongó a través de los siglos. Faltos de soporte militar adecuado, jesuitas y franciscanos inician su ministerio yendo y viniendo, sin dejar totalmente la zona. El cristianismo, y en concreto el catolicismo, está instalado hoy día en aquellas regiones en un considerable porcentaje, alternando con el islamismo, budismo y diversas religiones malayas nativas.

Aunque quizá sea ésta la vertiente más obvia de la presencia hispana en la zona que nos ocupa, también se dejó huella en los aspectos náutico, de descubrimientos, de expansionismo y -sobre todo- de prestigio. Aún a mediados del siglo XVII, Don Rafael Omen de Acevedo en una expedición contra los camucones (1648) izó la bandera española en el norte de la isla y en 1649 otra expedición al mando de Monforte recorrió las costas del norte y arrasó varios poblados, infringiendo una considerable derrota a los piratas que operaban en la zona. Los nativos de las pequeñas islas cercanas ofrecieron su sumisión al rey de España y pagaron tributos. A finales del siglo XVII España tuvo que concentrar todos sus esfuerzos en las Islas Filipinas, dejando vía libre a los piratas, que ya surcaban a sus anchas  los mares de Borneo. Cuando el Imperio español empezó a declinar, el sol español, que había alumbrado gran parte del Pacífico, se reflejaba pálidamente en una pequeña zona que desde aquí se ha intentado rescatar del olvido.

(3) Se refiere a Dom Aleixo de Menezes, sobrino del Gobernador de la India Lopo Soares de Albergaria, quien le envió a Malaca como gobernador. El nuevo capitán de la fortaleza de Malaca, Afonso Lopez hizo el viaje con él desde Goa.

(4) SA, Artur Basilio de: Documentaçao para a historia das missoes...

(5) TEIXEIRA, Pedro: The Travels of..., pág.36

(6) Recuérdese que en el tiempo en que Teixeira escribe Portugal y España estaban unidos bajo la misma Corona

(7) PIGAFETTA, A: Primer Viaje alrededor del mundo, pág.134

(8) PIGAFETTA, A: Primer Viaje alrededor del mundo, págs.135-141

    COMINGE BÁRCENAS Y OTROS: Descubrimientos españoles en el Mar del Sur, pág. 146

(9) PIGAFETTA, A: Primer Viaje alrededor del mundo. pág.143

(10) COMINGES BÁRCENA Y OTROS: Descubrimientos españoles en el Mar del Sur, pág. 144

(11) D'ANDRADA, F: Chronica de D. Joao III, Parte II, cap. 32, págs. 154-156

(12) RETAMA, W.E: Archivo del Bibliófilo Filipino, Tomo V

(13) MURGA, Antonio: Historical Events of the Philippines Islands, pág. 23

 

BIBLIOGRAFIA

 

D'ANDRADA, Francisco: Chronica de Dom Joao III. Coimbra, 1796

DUARTE BARBOSA: Livro em que se da relaçao do que viu no Oriente Duarte Barbosa. Agencia General das Colonias. Lisboa, 1946

LYTLE SCHWTZ, William: El galeón de Manila. Madrid, 1992

MORGA, Antonio: Historical Events of the Philippine Islands. Manila, 1962

PIGAFETTA, Antonio: Primer Viaje alrededor del mundo. Espasa Calpe, Madrid, 1927

PIRES, Tomé: Summa Oriental of Tomé Pires and the book of Francisco Rodriguez, 2 vols. Hakluyt Soc., London, 1944

RETAMA, W.E.: Archivo del Bibliófilo Filipino. Recopilación de documentos históricos, científicos... Madrid, 1905

SA, Artur Basilio de: Documentaçao para a historia das missoes do Padroado Portugues do Oriente. Insulindia. 5 vols. Lisboa, 1954-58

TEIXEIRA, Pedro: The travels of Pedro Teixeira. Ed.Hackluyt Soc., London, 1902

VARIOS AUTORES: Descubrimientos españoles en el Mar del Sur. Ed. Nav