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19:29h. Martes, 22 de Agosto de 2017
sao-paulo
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Hace  ya muchos años (1973), en la ciudad de Sao Paulo (diez millones de habitantes), en esa nación gigante de Brasil, tuvimos un encuentro turístico que se llamó I Seminario Nacional de Cultura Turística de Brasil, patrocinado por la Secretaría de Turismo del Estado de Sao Paulo, que en ese entonces tenía más presupuesto que la Empresa Nacional de Turismo de Brasil, la Embratur.

Era la tercera aventura nuestra en eso de las enseñanzas turísticas, que bajo el titular del Instituto Superior de Estudios Turísticos Internacionales (Centro de Estudios Turísticos de Canarias), comenzábamos a expandir por el mundo, después de señaladas actuaciones en Venezuela y Colombia. Era el inicio de una gesta colmada de extrañas situaciones, donde tenían una presencia activa la admiración que despertaban nuestros conocimientos del tema y la forma directa de enfocar unas enseñanzas, muy lejos de apetencias políticas y económicas. Para los poderes fácticos constituidos detrás de estas, era un auténtico pecado.

Se realizó este acontecimiento con un éxito rotundo debido especialmente a la organización de la Universidad de Morumbí, con la destacada dirección de su rector el magnífico Gabriel Mario Rodrigues, hombre de ideas muy claras convertido hoy en un brillante y exitoso empresario de las enseñanzas turísticas, en Brasil.

De aquellas extraordinarias jornadas, guardamos los más cálidos recuerdos, entre ellos las espectaculares sesiones de apertura y clausura (con el Himno Español presente) presididas por los máximos representantes de sus instituciones políticas y empresariales del país relacionadas con el turismo, así como los 195 alumnos inscritos, entre los cuales habían algunos de los más lejanos lugares de la nación, como es el caso de Manaus, e incluso un sacerdote que nos tuvo intrigados durante varios días en saber qué es lo que quería aprender de nuestros conocimientos.

Juscelino  kubitschek

 El curso estaba compuesto de ocho grandes temas, que desarrollábamos con ocho profesores especialistas en cada uno de ellos. Desde la sociología del turismo hasta la forma de operarlo, así como la intervención de las administraciones públicas en su manejo, todo estaba preparado con una excelsa pulcritud y presentado con una amplia colección de diapositivas -eran los medios más modernos de la época- muchas de ellas inéditas por ser de nuestra exclusiva propiedad obtenidas en nuestros frecuentes viajes y contactos internacionales.

Vayan estas líneas para recordar el encuentro programado en estas memorables jornadas, que nos hizo conocer al célebre Juscelino Kubitschek, el presidente de Brasil que creó Brasilia, con el que más tarde tendríamos ocasión de relacionarnos en otras ocasiones y conocer íntimamente una parte de su brillante historia, que en alguna ocasión hemos también comentado en nuestros artículos, reportajes y crónicas turísticas.

La extensión de estas jornadas llegó hasta Río de Janeiro, en cuya Universidad Estacio de Sá, prologamos nuestra actividad, también con una excepcional acogida tanto en el aspecto académico como en el social, donde fuimos distinguidos con los mejores agasajos y atenciones, tanto por los organizadores como por el brillante alumnado, donde aparecían los más influyentes personajes de la vida política, empresarial y social.

En esa trepidante actividad teníamos que viajar diariamente en el puente aéreo que funcionaba entre Sao Paulo y Río, en una serie de aviones de hélice, hoy piezas de museo, como era el caso de los últimos samurai en uno de los cuales vivimos una extraordinaria experiencia, cuando en un vuelo al llegar a Río de Janeiro el tren de aterrizaje se atascó y los tripulantes tuvieron que desarrollar unas intrigantes operaciones para desde el interior del aparato activar el mismo, con una especie de palancas giratorias. Esa experiencia la vivimos en directo al lado del profesor que nos acompañaba, el arquitecto tinerfeño Juan Julio Fernández.

Las jornadas de trabajo

Las interminables jornadas de trabajo estaban signadas por la más amplia serie de intervenciones de los asistentes, todos ellos interesados en las más diversas cuestiones relacionadas con sus particulares actividades, lo que hacían de las mismas un caleidoscopio de situaciones, que llevaban de un lado a otro de Brasil a nuestro profesores, atendiendo a sugerir soluciones o experiencias relacionadas con cada caso en particular, que daban un matiz profesional de lo más interesante a todas las prolongadas sesiones, que siempre sobrepasaban con mucho los horarios previstos. Era un continuo vibrar de emociones contenidas donde disfrutábamos trasmitiendo experiencias vividas y soluciones conocidas, sobre hechos concretos que, en aquel Brasil de los años setenta del pasado siglo, eran auténticas novedades, obtenidas en ese laboratorio del desarrollo del turismo que eran ya las Islas Canarias, donde analizábamos, programábamos y participábamos directamente en toda su actividad, siempre desde el punto de vista de una empresa privada sin ningunas apetencias políticas.

Sao Paulo fue una extraordinaria experiencia en nuestra gestión en pro del desarrollo turístico mundial, rubricada a través de los años con aquellas premonitorias palabras que pronunciáramos en el acto de clausura del II Seminario Nacional del Cultura Turística de Brasil (1975) refiriéndonos a las palabras de clausura del ministro español, Manuel Fraga Iribarne, en la recordada II Asamblea Hispano-Luso Americana de Turismo, celebrada el año 1969 en Viña del Mar (Chile): “Los pueblos ya no dependen de una lotería, una mina, o una victoria militar, saben que es posible una promoción conjunta y planificada de todos sus recursos naturales y humanos, y este debe ser su objetivo principal de toda su política.”

 El turismo seguirá creciendo en todo el mundo y expandiendo su cultura y sus valores como el símbolo para la paz que el mundo necesita. Turismo, pasaporte para La Paz.