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LA PALMA; CUIDADO…. QUE ENAMORA

Nuria Alberti | 28 de marzo de 2019

“El polvo se te mete en el alma”, palabras de mi amigo periodista y palmero de nacimiento y corazón José Juan Pérez Capote al referirse al Carnaval de los Indianos, que se celebra en La Palma cada lunes de Carnaval. Mi curiosidad se desencadena y ¡Al carnaval palmero me voy, donde mejor se puede gozar!

El origen de la fiesta remonta a mediados del siglo XIX cuando la ciudad entera corría a recibir a los nuevos indianos procedentes de Cuba donde partieron para hacer fortuna y volvieron con dinero y con nuevas formas de vestir, joyas, tabaco, puros y ritmos musicales traídos del Caribe cubano. En 1920 un grupo de amigos e ilustres de La Palma deciden disfrazarse durante los Carnavales parodiando a los Indianos que llegaron de Cuba, dando pie a lo que hoy conocemos como “Carnaval de los Indianos”.

“De la Habana ha venido un barco… De mi ventana huye el barco venido ayer de La Habana. ¡Saltemos del lecho al barco, lucera de la mañana!” cantaba el poeta de la mar, Rafael Alberti, en su obra “Marinero en Tierra.

Ataviados con guayabas, trajes de lino, vestidos de época, joyas, abanicos, sombrillas de encaje, portando maletas de cuero supuestamente repletas de dinero y acompañados de sus sirvientes de origen africano. Los participantes se dirigen a la Plaza de España renombrada Plaza de la Habana para la ocasión. Durante “La Espera”, al son de ritmos caribeños, esperan el recibimiento del Cónsul de Cuba en La Palma.  Con la llegada de la Negra Tomasa, Embajadora de la fiesta y representante de los criados negros traídos a La Palma, da comienzo la fiesta que durará hasta la madrugada.

Una nubareda blanca  empaña la ciudad. El comienzo de la guerra de polvos de talco, forma parte de una de las leyendas de las Islas Canarias, creyéndose que se remonta al siglo XIX cuando un barco dejó en el puerto un cargamento de harina en mal estado que se utilizó como ocasional material de diversión durante el Carnaval que a la sazón se celebraba. Esta idea no llegó a tomar carta de naturaleza en la historia de la isla y actualmente se cree que proviene de una sociedad secreta cubana, el Ñañiguismo,  uno de cuyos rituales consistía en blanquearse la piel.

La alegría se desata por las calles, una sana fiesta en la que la blancura contrasta con los verdes variadísimos de la isla. No faltan guajiras, guaranchas, guanguancós, habaneras. El ron y los mojitos corren generosamente y la comunicación entre vecinos y visitantes se produce de forma natural.

El que viene para disfrutar del Carnaval tiene el valor añadido de estar en una isla que conserva su naturaleza salvaje e inusitada. Parques Naturales y parajes vírgenes inundan la isla de apenas 706 Km2 ofreciendo variadísimos paisajes de incomparable belleza.

Caldera de Taburiente, Las Nieves y Cumbre Vieja; caminar por Los Tilos, entre helechos gigantes, el Cubo de la Galga, una ruta fácil donde observar la laurisilva en todo su esplendor o llegar hasta el Mirador del Roque de los Muchachos, el punto más alto de la isla a 2.426 metros de altura donde se encuentra el Observatorio Astronómico de renombre mundial, son citas casi obligatorias para los amantes de la naturaleza.   Caminante, hay camino, La Palma se hace al andar; no te puedes perder la ruta de los volcanes en Fuencaliente. ¡Buen camino!, respira a pleno pulmón y disfruta, siente el imán de la tierra bajo tus pies y emprende el sendero hacia lo desconocido pero mágico, que te impregna de energía, el sendero es una guía que quizás te lleve hasta el mar.

Un mar de azul intenso, profundo, un mar inquieto, cuyo ruido constante de las olas que rompen con fuerza contra los acantilados contrasta con silencio y el sosiego de los bosques, ¿aparecerá un duende?.  No sé si me he perdido en la profundidad de los bosques o la inmensidad del mar, ambos me transportan hacia el infinito. Al infinito hacia el que mira el palmero, mirada del que ve la vida pasar, de quien la vive con pasión o con tranquilidad, pero nunca indiferente ante un estado de ánimo placentero, de una vida apacible, al ralentí, sin prisas. Del que la vive intensamente o tranquilamente, pero saboreando cada segundo del día. Del que se levanta con una sonrisa y se acuesta con una sonrisa.

Tecnología, big data, blockchain, marketing; estrategias de fidelización. Hoy en día se puede viajar si salir de casa, pero nada puede sustituir a la experiencia del viaje, al descubrimiento de lo desconocido, a La Palma que fideliza, definitivamente, que enamora. “Mindfulness”, la atención plena, el aquí y ahora; “cittaslow”, el movimiento lento; ¿se inventaron aquí?. ¡Pierde la noción del tiempo y quítate el corsé de los horarios, la prisa no es una premisa en La Palma. No se puede vivir eternamente anclados en el pasado… ¿o sí?

Deja que el ruido de las olas del mar meza tus pensamientos y abandónate a los ensueños.

La Palma huele a tierra, a aire, a larva dormida, a mar. De nuevo me permito  la licencia de citar a   Rafael Alberti y a  su – “Marinero en Tierra”.

“El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! Por qué me trajiste, padre, a la ciudad”

La Palma se me metió en el alma.

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