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Etapas de la vida en un destino turístico

Miguel Angel González Suárez | 25 de agosto de 2014

En estos momentos de cierta incertidumbre en nuestro archipiélago, ocasionada en gran medida por la carencia de políticas turísticas convenientemente planificadas es oportuno conocer científicamente cuales son “los ciclos de vida de un destino turístico” con objeto de posicionarnos fielmente para priorizar y estructurar un futuro emergente que regenere nuestra principal industria y potencie un destino sostenible. Deseo ser lo más realista posible sin un atisbo de negatividad.

Las zonas turísticas están sometidas a tensiones cíclicas y dependientes de múltiples factores exógenos y endógenos. Así pues, los períodos de vida son el estadio de evolución de un destino enmarcado en unas condiciones de desarrollo. Se contemplan las siguientes fases: inicio, desarrollo, expansión, madurez y declive.

El nacimiento de un destino turístico puede producirse por diferentes y múltiples motivos. Se desarrolla de una forma netamente natural; exista o no una planificación, acompasadamente se inicia un periodo de relevantes inversiones. Con el reclamo de lo novedoso, llegan más turistas y aparecen nuevos competidores, inversores, empresarios y trabajadores atraídos por el éxito, creciendo la competencia. Brota espontáneamente un proceso constructor de alojamientos, tanto para los turistas como para los que allí se asientan.

A las zonas desarrolladas que alcanzan el éxito les llega la expansión. Crece la competencia; aparecen importantes economías de escala; desembarcan las cadenas internacionales que obligan a los más débiles a replegarse; se inicia un proceso de concentración de la oferta y de distribución; los touroperadores adoptan posiciones muy fuertes para controlar el mercado receptor, y los precios descienden, hasta el punto de que es habitual que se desencadenen guerras de precios. Aparecen síntomas de tensión general en los negocios. Si bien el número de turistas continúan aumentando, lo hace de manera más moderada. Se producen reestructuraciones en algunos sectores, y en el margen de los negocios se inicia una etapa de decrecimiento. Los más esforzados se aplican en establecer criterios de segmentación, para identificar mejor a los clientes y se posicionan firme frente a la competencia, para remarcar el propio valor añadido. Es habitual en estos momentos grandes esfuerzos para el reforzamiento de la imagen de marca.

La madurez se alcanza cuando difícilmente se puede crecer más en el número de visitantes; se acrecienta las tensiones en la economía turística y los márgenes entran en una fase aguda de decrecimiento. Los escenarios de fuerte competencia son generalizados en todos los sectores. Se instala definitivamente la globalización, de manera que muchas decisiones acerca del destino no se toman en su seno, sino en la sedes de las empresa o grupos internacionales, predominando claramente sus intereses sobre el negocio. Asimismo prosigue el proceso de concentración que da lugar a fusiones y adquisiciones de difícil interpretación. Las estructuras de las empresas se muestran cada vez más rígidas. Este periodo se caracteriza por la presencia de mercados altamente segmentados; por el poder de unos pocos operadores y proveedores sobre el conjunto; el predominio de los precios es a la baja; por el desajuste entre los precios de los paquetes y los de los consumos libres; por el envejecimiento de la planta alojativa; y por cierto descontrol de la imagen de marca.

El último estadio es el declive consecuencia de la no planificación. Disminuyen las ventas, por lo que el decrecimiento resulta negativo; aparecen en otros lugares nuevos procesos, sistemas y tecnología que convierten en obsoletas las estructuras y la gestión del destino, la cuota de mercado tiene cada vez menos valor, lo que da lugar a la aparición de numerosas ofertas. En esta fase muchos agentes dejan de invertir, algunos de forma precipitada, por lo que la oferta suele presentar carencias y disfunciones notorias; aumenta la dependencia de los monopolios y oligopolios, que empiezan a ser imperfectos por lo que los salarios dejan de ser atractivos, y desertan los mejores recursos humanos y operadores, que dejan en su lugar figuras confusas de gestión que no hacen sino disfrazar el abandono. La planta alojativa, erosionada por su uso intensivo evidencia claros signos de envejecimiento y pierde su valor, por lo que es necesario proceder urgentemente a su rehabilitación o sustitución. Otro tanto le ocurre a la oferta turística general. En este periodo se impone la reestructuración de subsectores, de infraestructuras y de partes importantes del destino, para buscar un nuevo posicionamiento. Esta nueva estrategia no se puede llevar acabo sin la aportación de fondos públicos. Sin embargo, es una época en la que todos los recursos son escasos.

Con estas pinceladas teóricas sobre las etapas cíclicas de la existencia de un destino turístico pretendo que no cunda el pánico sino que la miscelánea de múltiples destinos que cohabitan en Canarias se reconozcan fielmente en el espacio en el que se encuentran con la finalidad si fuera preciso de realizar cálculos de corrección para llegar al estadio ideal que es el destino sostenible.

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