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Las aportaciones gubernamentales al desarrollo turístico español

Miguel Angel González Suárez | 08 de agosto de 2015

Desde comienzos del siglo XX las autoridades españolas son conscientes de que nos estábamos privando de una potencial fuente de ingresos vital para la economía. Por ello se decidió dotar a la Administración de órganos dedicados exclusivamente al fomento y desarrollo de esta actividad que ya empezaba a ser importante en el resto de Europa. A pesar de entrar en el turismo con un siglo de retraso respecto a los países  más desarrollados de Europa y Estados Unidos; nuestra nación siempre tuvo muy claro que era fundamental la intervención del estado para ordenar, regular y apoyar incondicionalmente esta industria. Este principio elemental nos ha llevado a posicionarnos en el planeta, como uno de los países más importantes en turismo, por delante de los mencionados anteriormente y a excepción de Francia.

Por ello es de merecer, destacar las instituciones que han favorecido, conjuntamente con las iniciativas privadas, que España esté en lo más alto, en el pódium.

En 1905 se crea la primera institución gubernamental: La Comisión Nacional. Cuyas políticas se centraron en la formación y divulgación para turistas extranjeros de élite, con el fin de obtener divisas, de itinerarios de viajes, así como la publicación y difusión de guías en varios idiomas. Seis años después, se consideraron insuficiente sus objetivos y en 1911 se inicia un nuevo modelo más ambicioso: La Comisaría Regia cuyo impulsor fue Canalejas, Presidente del Gobierno. No sólo tenía que facilitar y promover la llegada de viajeros, sino, además, conservar de manera eficaz la riqueza artística, monumental y pintoresca de nuestro territorio. Al frente se encontraba el Marqués de la Vega Inclán, hombre culto, viajero y verdadero pionero en la materia... Se centró en hacer comprender al Gobierno (Dictadura de Primo de Rivera) de la trascendencia de mejorar las infraestructuras y ampliar la oferta hotelera mediante la construcción de establecimientos públicos dedicados al hospedaje; fue el impulsor de la red de Paradores Nacionales e inauguró el primero en Gredos en 1928.

En 1926 un estudio, afirmaba la necesidad de instituir un Consejo Nacional de Turismo que coordinara los esfuerzos de todos los sectores relacionados con el turismo: transportes, hotelería, balnearios, Bellas Artes, Obras Públicas, Instituto Geográfico y Estadístico, Banca, Aduanas, etc. Esta tesis fue decisiva para la creación del Patronato Nacional de Turismo en 1928. Sus cometidos fueron, además de los ya establecidos anteriormente, implantar las Escuelas de Turismo con el objeto de que facilitasen personal titulado para atender las necesidades de la actividad; crear centros de información en el extranjero y en España que actuasen en colaboración con todas aquellas organizaciones de iniciativa pública o privada que favoreciesen al fomento del turismo. Una de las principales actuaciones de este organismo fue la mejora de la infraestructura hotelera. Cabe destacar también, la creación de La Cámara Oficial de Hostelería, la Guía Oficial de Hoteles, el Libro Oficial de Reclamaciones y la continuación del la Red de Paradores y Albergues. Se puede aseverar que en esta época se sentaron las bases del desarrollo turístico. El PNT se estructuró en tres delegaciones generales: Arte, Propaganda y Viajes. La financiación provendría, por una parte y de forma transitoria, del presupuesto con que había contado la extinguida Comisaría Regia y por otra, del Seguro Obligatorio de Viajeros, implantado en 1928. La extinción del PNT y la práctica paralización de la actividad turística llegarían con la Guerra Civil que fue un período  muy difícil y no hay que olvidar que seguidamente estalla la II Guerra Mundial. Todos estos desafortunados incidentes propiciaron un profundo estado de decaimiento económico y social que duraría casi hasta la mitad del siglo. No obstante, la Administración no dejó de intervenir en materia turística: se reservó el derecho de fijar los precios, se creó la Póliza de Turismo, se reguló la actividad de las Agencias de Viajes, el Crédito Hotelero, el Sindicato de Hostelería, y la nueva Reglamentación de Alojamientos Hoteleros.

A mediados de 1951 se constituyó el Ministerio de Información y Turismo. Esta decisión culminó el proceso de  institucionalización  de la actividad turística y demuestra la preocupación continua de los diferentes gobiernos españoles por este fenómeno. El Ministerio asumió las competencias sin ser plenamente consciente de que en las próximas décadas el turismo se transformaría en un fenómeno social   determinante, como resultó ser. España se encontraba en una situación política y económica que no favorecía grandes expansiones en materia turística, al menos en la medida en que se produjeron; pero sí se era consciente, sin embargo, y a tenor de los estudios que había que trazar estrategias y adelantarse a los acontecimientos para evitar el desbordamiento y el caos.

Hay quien sostiene la hipótesis de que la transformación del turismo en un fenómeno de masas se debe fundamentalmente a motivos institucionales y sociales, pero puede afirmarse que no se habría producido si, además, no se hubieran dado determinados factores estructurales y de coyuntura entre ellos: La devaluación de la peseta y la implantación del Plan de Estabilización de la economía (1959), que mantuvo los precios turísticos a niveles muy competitivos. La aprobación de la Ley de Competencias Turísticas (1963) y su desarrollo reglamentario por medio del Estatuto Ordenador de Empresas y Actividades Turísticas privadas. Fundamental para la creación posterior de un marco legislativo institucional donde el turismo encontró un acomodo para su desarrollo y la aplicación de los Planes de desarrollo económico y social. El Primer Plan (1964-1967) Se centro en la captación máxima del turismo. En crear servicios muy competitivos en relación calidad/precio. Llegar a 600.000 plazas hoteleras. Apostar preferentemente por la construcción de hoteles de categoría media. Aumentar el número de alojamientos extrahoteleros. El Segundo Plan (1968-1971) se puso como objetivos llegar a 22,3 millones de turistas extranjeros. Incrementar los Ingresos. Incorporarnos como destino de nieve. Diversificar la demanda extrajera para ser menos dependientes de las coyunturas de cada país. El Tercer Plan (1972 - 1975) pretendió afianzar una demanda turística más cualificada que produjera mayor gasto y seguir promocionando el aumento cuantitativo de la demanda tradicional. Desarrollo una estructura formativa e investigadora, mediante la creación del Instituto de Estudios Turísticos y la Escuela Oficial de Turismo y creo la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional, que pretendía controlar el crecimiento inadecuado y preservar el Medio Ambiente del impacto negativo de un desarrollo turístico desordenado, aunque un cierto anarquismo estuvo siempre presente en el expansión turística española. El turismo impactó en el conjunto de la economía española de manera muy diversa y contribuyó al desarrollo económico de manera decisiva.

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