NO SE PIERDA ESTA FIESTA EN LA ISLA DE LA PALMA

La fiesta de la metamorfosis: la Danza de Enanos

Fundada por el obispo de Canarias Bartolomé García Ximénez en su visita a la Isla en 1676, la Bajada de la Virgen de las Nieves en La Palma ofrece a los amantes del turismo festivo uno de los acontecimientos más singulares de los que aún pueden contemplarse en el solar hispánico. La fiesta es una buena simbiosis de los espectáculos característicos de nuestros Siglos de Oro, de las tendencias celebrativas del siglo XIX y de los programas más modernos y actuales. El carro anunciador de las fiestas o la loa de recibimiento, por ejemplo, son dos de los pocos ejemplos de autos marianos que continúan representándose en España tras la orden real de abolición que los condenó a desaparecer en el siglo ilustrado.

La fiesta de la metamorfosis: la Danza de Enanos

De las modas espectaculares ochocentistas son las danzas coreadas o la llamada «danza de Acróbatas», número que debe su arraigo en la Isla a imitación de los que ofrecían las compañías circenses que hacían una parada obligada en el Archipiélago en su ruta transoceánica.

Pero la magia, sin duda, se nos revela cada noche del jueves de la Semana Grande de la Bajada. Un coro de hombres vestidos con motivos alegóricos distintos en cada edición (doctores, caballeros, navegantes, etc.) caminan al ritmo pausado y armonioso que le da la melodía, interpretada por la Banda Municipal de Música San Miguel. Poco a poco, los mismos hombres pasan por la puerta de atrás de una casilla, saliendo de pronto por la portada principal transformados en diminutos enanos que danzan al ritmo cada vez más frenético de la música que hace sonar la Polca Recova, pieza creada por el músico palmero Domingo Santos Rodríguez, prácticamente convertida en himno de la danza, de la Bajada y, por extensión, de La Palma desde su consagración para este número desde 1925.

La huella de la danza de Enanos en la Bajada de la Virgen de las Nieves debe remontarse con anterioridad a 1860, lustro en el que el escritor José María Fernández Díaz nos dejó una descripción detallada de la función: «la ejecutó una comparsa de veinticuatro jóvenes vestidos de una manera indefinible, con ropas talares y lujosas, en cuya forma hacían muchas y variadas figuras: de macetas, quitasoles, canastillos, ampolletas y otras más.

Pero todo lo preliminar es nada comparado con la última evolución, si se nos permite el vocablo. Esta consistió en una verdadera transformación metamorfósea y sorprendente, cual es la de convertirse los veinticuatro comparsas en otros tantos pequeñísimos, raros y exageradamente graciosos enanos, en tal forma que hasta los más enterados en la variación se admiraban de tan extraña mudanza. Parece magia o brujería.

¡Es indescriptible!».

Fuera del marco festivo de la Bajada de la Virgen, la danza de Enanos tiene su origen en los antiguos desfiles de mascarones que acompañaban la procesión del Corpus Christi en casi todas las ciudades hispánicas. Hoy, dicho número se conserva también en Santa Cruz de La Palma en el contexto de las fiestas de la cruz en mayo y en la misma Bajada. Asimismo, se tiene noticia de su ejecución en la Máscara que los minoristas y

estudiantes del Real Convento de la Inmaculada Concepción de Santa Cruz de La Palma ofrecieron al obispo canariense Juan Francisco Guillén en 1745 o en la proclamación real de Isabel II en el siglo siguiente.

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